domingo, 13 de mayo de 2012

HOMOFOBIA: PROPUESTA HOMOSEXUAL

En los albores del siglo XXI la sociedad mexicana aún le falta mucho por avanzar en términos de aceptación homosexualidad. Hoy en día la homofobia ha sido la forma de discriminación más alarmante entre los individuos.

Sigo pensando que el homosexual aún no ha entendido que la forma de encontrar la aceptación no radica en el reconocimiento del otro, sino en la tolerancia del otro, es decir, en dejar que el otro elija tolerar al homosexual o no. Tolerar significa aceptar, pero no necesariamente por aceptación o tolerancia se debe amar al homosexual. La distinción no radica en la preferencia sexual, sino en el comportamiento, en el saberse dirigir, en el saber ser hombre o mujer, como ciudadano, como ser humano, como persona.

Estoy de acuerdo que México, al igual que otros países, también necesita dar un cambio ideológico en función de aceptación sobre hombres y mujeres homosexuales, pero no estoy de acuerdo en la manera que desean llevar a cabo su estrategia para erradicar la homofobia.

La homofobia sí es una forma de discriminación, y si preguntamos a la gente por qué discrimina al homosexual seguramente dirán que por ser homosexuales, así sin mayor argumento, sin mayor motivo, los más osados dirán que por que no es natural, o bien, los más estúpidos dirán que dios no lo permite. No se trata de natural o no, de normal o anormal, de cuestiones religiosas o biológicas, se trata de una decisión de un ser humano a elegir su preferencia sexual. No entiendo aún cuál es el afán de querer colgarse un letrero que indique la preferencia sexual de tal o cual individuo, basta con saber ser el ciudadano, el amigo, el hijo, el amante que otros buscan.

La forma de ganar respeto, de ser aceptados, de encontrar la tolerancia entre los que no son homosexuales está en la forma en cómo se presente la homosexualidad, no es necesario luchar por derechos que corresponde lucharlos como hombres y mujeres, no es necesario establecer etiquetas entre los mismos homosexuales para ser reconocidos como tal. En necesario hacer ver y entender a los demás que el homosexual no depende únicamente de su preferencia sexual, sino de su convicción de ser un hombre o una mujer.

Saliendo a la calle con pancartas, exhibiendo la preferencia sexual no hará que la homofobia se erradique, al contrario, el homosexual mismo estará siendo partícipe de la homofobia, de la discriminación, al salir a la calle y AUTONOMBRARSE homosexual.

MUNDO REAL

-No quiero ser discriminado, no quiero señalado… Pero quiero que todos sepan que soy homosexual…. Salgamos a las calles y que todo mundo sepa que soy homosexual y que tengo derecho a tener derechos como homosexual.-

“Entonces etiquetemos al homosexual, discriminemos al homosexual porque ellos mismos lo solicitan, lo gritan, lo exigen.” Considero que no está en esto la solución. Sí, la solución es ser reconocidos como seres humanos, como personas, como ciudadanos, como hombres y mujeres, entonces luchemos por esos derechos, por los que les corresponden, luchemos por tener el derecho a una ley de convivencia que los ampare como pareja de personas, luchemos por el derecho que tienen a adoptar como ciudadano, luchemos por erradicar la homofobia desde casa, la escuela, la iglesia, la calle, el trabajo. Si el homosexual se muestra ante los demás como la persona capaz de aprender, capaz de saber argumentar, dar soluciones viables y factibles a problemas comunes, a aceptar las ideas de los otros, a respetar las ideas de los otros de igual manera, a ser hombres y mujeres con valores, no por tener una preferencia sino por tener una convicción de ser SERES HUMANOS, entonces, sólo entonces, estaremos frente a un verdadero activismo, y ya que la gente te reconozca como persona, el que tengas o no una preferencia distinta, dejará de importar porque verán en él o ella el valor como persona, y antes de etiquetar como homosexual será reconocido como ser humano.

Sí, sigo criticando y seguiré luchando para que el homosexual no necesite autocolocarse una etiqueta, sino para darse a conocer como hombres y mujeres que son. Hagamos de los espacios zonas tolerantes de ideologías, aceptemos de igual forma a quienes piensan diferente, a quienes ven la vida de una forma distinta, pero libres de etiquetas. Eduquemos primero al homosexual a saber ser persona y después de ahí, entonces sí, partamos a las calles a luchar por los derechos que le corresponden como hombres y mujeres, y estoy seguro que en las marchas, en las protestas, no sólo habrá homosexuales, sino médicos, maestros, abogados, padres de familia, prostitutas, obreros, estudiantes, etc.

Si la sociedad carece de criterio y ve en las calles una marcha dirigida por homosexuales, con atuendos no convencionales, lo único que lograrán es que se reconozcan como tal y serán señalados, y, por ende, aumentará la homofobia pero ahora con puntos específicos de reconocer quiénes son. Antes de salir a la calle es necesario crear conciencia en el mundo que les rodea. No importa cómo hable el homosexual, cómo camine, cómo piense, cómo vista, importa que sepa hablar, caminar, pensar, vestir con la convicción de saber ser él o ella misma como hombres y mujeres.

Antes de educar a la sociedad a no discriminar eduquemos primero al homosexual.

DE LO PÚBLICO A LO PRIVADO

A menudo nos toca observar en aparadores, en revistas, en televisión el prototipo de cuerpos femeninos y masculinos a seguir, mujeres y hombres esbeltos, guapos, altos; mujeres con cierto símbolo impreso de ser objeto sexual, y no estoy en contra en que lo sean, siempre y cuando la mujer misma elija serlo.

Si bien han elegido a este tipo de mujeres y hombres a ser esos iconos de la mercadotecnia no estaría de más incluir a toda clase de hombres y mujeres, que si bien no cumplen con el prototipo siguen siendo mujeres y hombres que sienten, que experimentan el placer, el deseo, la pasión y muchas veces hasta el amor. Lo mismo va para la imagen del prototipo de hombre que maneja el mercado. Tanto en anuncios publicitarios como en la moda, hombres y mujeres lucen espectacularmente como dioses y diosas, cuerpos delineados, rostros bellos, estaturas que sólo por ser modelos deben cumplir. Entiendo que la intención de tal publicidad está enfocada a vender, no sólo el producto, sino el dispositivo utilizado como producto, es decir, los cuerpos de hombres y mujeres. El público al verlos querrá ser como ellos, vestir como ellos, caminar como ellos, etc., pero cuando pasamos de lo público a lo privado y el erotismo se apodera de estas mentes, es cuestionable entonces, pensar en por qué no presentar todo tipo de hombres y mujeres si es de lo que estamos rodeados.

En un artículo anterior presentaba lo que simbolizaba erotizar el erotismo, y cómo los hombres y las mujeres demuestran su erotismo sin ataduras, sin normas sociales que cumplan con tal prototipo de cuerpos; sin embargo, comenzar a hacer conciencia y poder disfrutar del cuerpo de cualquiera sería una libertad más de expresión, no sólo de forma oral o escrita, sino de forma visual, donde la tendencia a enamorar quede en la pretensión misma de querer enamorar a partir de lo que hay.

¿Quién dice que este prototipo de cuerpos son los únicos erotizables?

Podríamos encontrar que quizá un gran número de mujeres que cumplen con estos requisitos son frígidas, o que los hombres son impotentes. Lo mismo sucede en la sociedad en la que vivimos, el homosexual tiende a buscar lo agradable a la vista, recalco homosexual porque es más subsetible a estos parámetros, es decir, la imagen representa gran parte de la atracción para el hombre o la mujer homosexual, y casi podría asegurar que más en el hombre, porque tiende a reconocer en la “belleza” la juventud perdida, o la juventud añorada. En nuestra cultura para que el hombre homosexual tenga un valor entre el grupo social al que pertenece debe cumplir con ciertos requisitos que el mismo círculo le exige. Hay gustos para todos, cierto es, pero lo cierto también es que un hombre que cumpla con este arquetipo tiene mayor oportunidad de encontrar pareja, ya sea sexual o sentimental. En la mujer homosexual, en cambio, existe una gama más amplia, como mujer busca la parte sentimental más que la física, una cosa lleva a la otra; para el hombre no, en su mayoría, buscan satisfacer placeres y deseos meramente desde la carne, desde el erotismo, desde la necesidad de marcar un territorio y obtener un trofeo que sea parte de su colección.

¿Si cambiáramos los parámetros del mercado, cambiaríamos la mentalidad del homosexual?

Seguramente la respuesta inmediata sería no, porque no es precisamente que la mercadotecnia tenga toda la culpa, muchas veces desde la formación en casa se acuerdan esos parámetros a cumplir, entre más guapo sea el homosexual mayor oportunidad tendrá de conseguir algo que le plazca, sin embargo, para la mayoría de estos hombres, tanto los que son el “producto” como es el “consumidor”, la mayor parte de las veces se quedan igual de vacíos, porque una cara bonita y un cuerpo exquisito no es razón de que éste piense. De ahí la respuesta a que es más estable una pareja de mujeres homosexuales que de hombres. La mujer tiende a elegir, desde su gusto como un todo, mientras que el hombre tiende a seleccionar desde una fascinación por poseer lo inalcanzable para muchos.

En la homosexualidad masculina, así como en la heterosexualidad el hombre juega un papel de poder, busca ser más que el otro, tener más que el otro, no es por una orientación sexual sino por una condición cultural que nos ha sido prácticamente impuesta. El hombre como hombre tiende a colgar trofeos que hagan alarde de su virilidad, que no por ello quiere decir que sean mejores en la cama, simplemente han podido sumar un número mayor de “productos” a su lista de consumo diario.

El cuerpo erótico pertenece a todo tipo de hombre y de mujer, desde la mujer gorda, fea, baja en estatura, hasta en el hombre gordo, feo, bajo en estatura. La idea central no está en formar parte de este prototipo sino de saber elegir a quien se desea tener en la vida, no por la buena combinación que tendrá con los muebles, sino por el hecho de ser la persona y el ser humano que se ha buscado en la vida.

Hombres y mujeres son eróticos simplemente por tener cuerpo, el que sea, por sentir el deseo y la pasión, por buscar satisfacer los instintos más primitivos que los hacen ser. El erotismo está en la manera de comportarse, de seducir, de actuar en la mesa y en la cama, frente a un grupo de personas o a solas.

El erotismo no es la falsedad de la mercadotecnia, sino la libertad que cada uno vive a partir de sus experiencias. Si comenzamos a hacer campaña en pro del erotismo masculino y femenino en todos sus tipos de gente, comenzaremos a poder disfrutar de las delicias del placer que brinda el sexo en todas sus presentaciones, y entonces, sólo entonces, habrá más estabilidad en parejas homosexuales y heterosexuales.

EL DISEÑO HOMOSEXUAL

Desde los tiempos más remotos, la homosexualidad entre hombres y mujeres siempre ha existido, ahí tenemos a las civilizaciones como los griegos que justificaban su homosexualidad de hombre a hombre como el intercambio de poder intelectual, de hombría, de sabiduría a través del coito y la eyaculación; Sócrates, Platón, etc., o bien, la misma conexión sentimental, emocional, íntegra entre las mujeres como Safo de Lesbos, con su poesía al amor por las mujeres.

Anatómicamente se sabe y se conoce que el hombre no está diseñado para cohabitar con otro hombre, lo mismo en la mujer. Cierto es que existen mil y un formas de obtener ese placer, pero el cuerpo en sí fue diseñado para la procreación, de aquí que sale mi cuestionamiento, y a su vez el poder entender por qué el hombre y la mujer homosexual suelen ser más promiscuos e infieles que los heterosexuales.

En un estudio realizado en EU, por el Dr. Satinover, las estadísticas demostraron que el homosexual promedio, (hombre o mujer), tiene 50 parejas al año, mientras que el heterosexual promedio (hombre o mujer), 4 parejas al año. Lo que deduce que el homosexual tiende a no ser estable en relación, por lo tanto infiel.

Considero que el sentido de pertenencia no sólo está enfocado a un lugar donde se establece el ser humano, sino a una persona también. En este caso el homosexual promedio no tiene un sentido de pertenencia entre las parejas sexuales con quien se relaciona. De ahí que comprendo que el homosexual no esté diseñado para una relación estable. Sin embargo, habría la posibilidad de cambiar las estadísticas si realmente logramos que el homosexual concientice sobre su propio ser, quién es, cómo se define ante los demás, no por lo sexual, sino por la esencia del ser. Con esto no pretendo dar clases de moralidad o ética, simplemente un poco más allá de la filosofía, el saber ser como SERES humanos y no sólo como personas o entes sociales.

El diseño no está sólo en lo sexual, sino en la razón y en el sentimiento. Si analizamos a las parejas homosexuales que no están dentro de esta estadística descubriremos que la mayoría de ellas encontraron en el otro su sentido de pertenencia, así como el heterosexual lo encuentra en la relación de ser padre o madre, también el homosexual lo encuentra en la relación de ser pareja.

¿Qué le hace al hombre o a la mujer estar en una relación estable?, ¿por qué es más factible una relación fiel entre los heterosexuales que en los homosexuales?

Muchas de las respuestas pudieran estar en el lector que puede hacer el recorrido de sus parejas y darse cuenta por qué lo hace estar en esa relación, o por qué ha estado continuamente en ese afán de estar con otras por corto tiempo.

La relación interpersonal del ser humano debiera radicar en el sentimiento y en la razón, si uno descubre quién, es automáticamente descubrirá lo que busca y lo que necesita, sin embargo, para muchos ésta es una eterna búsqueda sin fin. El ser homosexual no solamente está en la relación sexual, está también en esa relación sentimental que une a uno y a otro en un mismo complemento, no es buscar la media naranja sino una naranja o manzana entera que complete la idea de lo que se está buscando y no la idea de lo que lo complemente a uno.

Socialmente el individuo se ha apegado a una definición errónea sobre la homosexualidad, tanto que la hemos visto como una discriminación constante entre la gente, la definición no debe radicar en la preferencia sexual, sino en un todo por el todo, es decir, en quién eres como hombre o mujer, y en ese quién eres, estará la definición de tus gustos y preferencias en la vida. Lo mismo será definirse como un hombre que gusta de la literatura, del Rock Clásico, del color amarillo, de los hombres, del buen vino, el buen tabaco, etc., entre todos los gustos está una preferencia sexual establecida pero no lo define sólo ésta, sino el conjunto e gustos que tiene en la vida que lo define como tal, y que a su vez lo hace conciente de ser un hombre normal.

La homosexualidad debiera ser todo un estilo de vida, una ideología, una manera distinta de pensar, de hacer, de sentir, siempre con plena conciencia del ser ante todo. La homosexualidad es una experiencia existencial, así como lo es la heterosexualidad, sin embargo, el individuo se ha supeditado a parámetros establecidos por la sociedad donde no se cuestiona más allá de lo que desea a corto o largo plazo, porque así lo dicta la cultura y la sociedad en la que se desenvuelve, pero deja atrás su reconstrucción individual porque cree que ya la misma sociedad lo ha definido como tal, y en cierta manera lo hace, aunque no sea lo correcto. Cada cabeza es un mundo, cada individuo es distinto a otro, por lo tanto, si el hombre y la mujer comenzara a conocerse, a saber quién es, qué desea, qué busca, entonces tendríamos mejor sociedad sin prejuicios. Muchos de los prejuicios sociales se los debemos a una sociedad retrógrada y anticuada, de “buenos modales y buena educación”, pero eso no está exento del homosexual, también el homosexual tiene y aprende esa educación para la vida, esos valores que desde casa comienzan, el problema es que ellos mismos se segregan, se vuelven una “minoría vulnerable”, y entonces se separen del resto de la sociedad, cuando en realidad, si tomamos en cuenta la premisa anterior, todos somos iguales bajo un mismo sexo, hombres y mujeres, más no por gustos o preferencias, que esto no debe definir al individuo como tal.

El hombre y la mujer homosexual sí está diseñado para estar en pareja, no para la procreación, claro está, pero sí para vivir en armonía, para convivir, para permanecer estable en una relación duradera, para disfrutar de los placeres del sexo, de la pasión, del deseo; el sentido de pertenencia, de pertenecer en una relación, está en la medida en la que sabe ser, se conoce y reconoce ante los demás. Ese sentido de pertenencia está en la relación sentimental-sexual que le hace ser parte del otro, no como medias partes, sino como enteros que comparten la vida como hombres y mujeres.

Satinover, J. (2003). Homosexuality and the Politics of Truth. Grand Rapids, Michigan: Hamewith Books.

HACIA UNA EDUCACIÓN LIBRE DE ETIQUETAS

Hoy por hoy, en distintas sociedades aún se vive la discriminación hacia los homosexuales, al igual que existen aquellas campañas por una homosexualidad libre de discriminación. La gente ve a diestra y siniestra el comportamiento de grupos opuestos a favor o en contra de los homosexuales, pero, ¿realmente se necesita educar a la sociedad en términos de reconocer al homosexual por una preferencia? La respuesta es NO, se necesita educar a la gente que existen hombres y mujeres con ideologías diferentes, no con preferencias. La preferencia es algo propio del ser humano, es una característica individual que no debe ni tiene que abanderarse como estandarte para dar a conocer una identidad.

Considero que el error más grande es querer demostrar un “tercer sexo”, un “tercer género”, cuando no lo hay, cuando no existe esa distinción. Hay dos sexos HOMBRE y MUJER. Hay preferencias, sí, heterosexual, homosexual, bisexual, etc., pero no por ello es menester salir a las calles a luchar por algo que no corresponde.

Lo que sí corresponde es luchar por los derechos que se tiene como individuo, como ciudadano, como hombres y mujeres que desean ser parte de las garantías, los derechos y obligaciones que la Constitución le otorgue.

Para que la discriminación sea algo como tal se necesita de etiquetas y sólo a partir de ellas la discriminación se vuelve la ofensa a terceras personas. Para discriminar a los negros sólo se necesita, bajo su color, etiquetarlos como negros, para discriminar a los indígenas sólo basta con ponerles la etiqueta de indígenas, así mismo basta con que al homosexual se le etique como tal para discriminarlo; y pregunto: ¿No es acaso el mismo homosexual el que se etiqueta al decir que es gay y desea ser reconocido como tal?

¿Por qué tendría que luchar por un matrimonio homosexual?, ¿por qué lucha por ser incluido como si fuera alguien a parte?

Al momento que el homosexual lucha por el matrimonio con nombramiento y título: Matrimonio Homosexual, automáticamente se está etiquetando.

-Reconóceme, soy gay, y quiero el mismo derecho que los heterosexuales.-

Ante esta sentencia encuentro una paradoja tajante:

-NO me discrimines por ser homosexual, pero sí reconoce mi etiqueta como tal-

Uno de los argumentos más estúpidos que a menudo escucho es:

-Ellos también tienen sentimientos-, ése “ellos también”, los cataloga como algo aparte como si fueran extraños a los hombres y a las mujeres, como si fueran un ser viviente diferente al ser humano.

Traigo a colación este tema porque en la semana me encontré con algo que desconocía en virtud de las inmobiliarias, el nuevo INFONAVIT ROSA, que está dirigido específicamente a las parejas homosexuales que deseen comprar una vivienda.

Primeramente me causó asombro que más que ser parte de una NO discriminación automáticamente se esté discriminando al ponerle una etiqueta, y para variar el uso del color rosa. Identificar al homosexual con colores, con nombres, con títulos no nos hace que seamos tolerante y “eduquemos” a la gente a ser tolerantes también, al contrario, considero que plantea más directamente la discriminación. De ser así ¿estaría entonces el homosexual de acuerdo con tener letreros en el servicio público, en el transporte, en los restaurantes, en las escuelas, baños para hombres, mujeres y homosexuales?

La misma homofobia es provocada por la gente que pretende, a como dé lugar, demostrar su preferencia sexual.

La homofobia y la discriminación se combate con EDUCACIÓN, una educación donde se demuestre que se tiene la misma libertad de credo como de preferencia, sin andar por las calles gritando que son católicos, mormones, homosexuales o testigos de Jehová. El derecho lo tenemos todos a hacer de nuestras vidas lo que deseemos, así mismo tenemos las mismas garantías como ciudadanos por ser hombres y mujeres de una nación, no por tener un gusto o una preferencia sexual diferente. El INFONAVIT debe estar abierto a los derechos que tienen dos hombres o dos mujeres a comprar una vivienda, el matrimonio debe tener el mismo derecho para dos hombres o dos mujeres que desean ampararse jurídicamente. La educación sobre el homosexual no versa en educar a la gente a que existen personas diferentes, sino que todos somos iguales bajos los mismos derechos que nos rigen.

Eduquemos sin etiquetas, sin enseñar a los demás que ser homosexual es lo diferente, lo diferente está en la manera de pensar, en la ideología, no en la preferencia. Ser homosexual es sólo una característica más del individuo, así como ser alto o bajo de estatura, de complexión delgada u obsesa, de tez blanca o negra, de ojos grandes o pequeños; ser de inteligencia alta o promedio, ser literato o abogado. Simplemente es una característica más.

La inclusión de pelear por los derechos del homosexual no debe ser en función de una preferencia sino de un derecho que se tiene como hombre o como mujer, entonces, sólo entonces estaremos educando a la gente a no etiquetar, a no discriminar por una preferencia, a no señalar al homosexual por una forma de vestir, de hablar o de andar.

Las Ciencias Naturales desde la Educación Primaria no tiene porqué enseñarles a los niños que existen hombres, mujeres y gays, porque los gays son hombres, los gays son mujeres. Hablemos en la educación que existen dos padres o dos madres sin etiqueta alguna. ¿No se utiliza el término de familia heterosexual cuando se enseña el núcleo e la familia, o sí?, la gente aprenderá que es parte de la sociedad simplemente con reconocerlos como parte de lo que somos, sin necesidad de etiquetas.

Estoy en contra del matrimonio gay, pero estoy a favor que un hombre se case con otro, que una mujer se case con otra por las cuestiones jurídicas que amparan a la pareja.

Estoy en contra del INFONAVIT Rosa, pero a favor de un INFONAVIT donde dos hombres o dos mujeres puedan comprar una vivienda.

Estoy en contra de la adopción homoparental, pero a favor que dos mujeres o dos hombres puedan exigir el derecho que tienen a adoptar y criar a un niño o a una niña.

De esta manera podremos erradicar la discriminación y salir a la calle en un activismo ciudadano sin tintes sexuales, pero sí con una firme visión de luchar por los derechos de los hombres y las mujeres, sin etiqueta alguna.

Nos hemos preocupado por educar con base a valores, pues comencemos entonces a educar el valor que tiene el hombre y la mujer por elegir lo que le plazca; y cuando un niño cuestione por qué dos hombres o dos mujeres van tomadas de la mano podamos responder que es por amor, sin necesidad de etiquetarlos por tener una preferencia sexual.

Si realmente te preocupas por la homofobia, la discriminación al homosexual, también preocúpate por los indígenas, por las mujeres golpeadas, por los discapacitados, por los pobres, pero no por la etiqueta sino por el valor que cobra cada uno de estos grupos como ciudadanos.

Reformemos las leyes para que todo hombre y toda mujer tenga derecho a sus garantías individuales y eliminemos de nuestro vocabulario los términos: homosexual, gay, lesbiana, indígena, discapacitados, etc., y seamos Hombres y Mujeres en lucha por una discriminación libre de etiquetas.

ROMANTICISMO Y SUS DOBLES DISCRUSOS EN EL SIGLO XXI

A menudo la gente cree estar enamorada de otra persona, intenta, bajo todas las formas, acercarse, y ser parte de lo que el otro busca; intentan seducir con voces románticas, con detalles cursis y acciones extraordinarias; pero de pronto todo se esfuma y desaparece el sentimiento de amor, y se convierte en las penas amargas del alma.

El romanticismo es la exaltación de los sentimientos en todos los sentidos, tanto puede ser el amor como el odio, como la ira, la pasión, etc., Una persona romántica es aquélla que sabe demostrar el sentimiento y lo vive, cualquiera que éste sea, a través de infinitos mecanismos, no por nada el “enamorado” intenta de todas las formas posibles demostrar ese romanticismo para enamorar al otro; sin embargo, no siempre resulta como se desea. Por más intentos que éste haga no habrá poder humano que el otro seda si no está enamorado también de la misma persona.

Es común que la gente diga estar enamorada de tal o cual hombre o mujer, cuando este tal hombre o mujer ni siquiera los hace en su vida, el término correcto debiera ser ILUSIONADO, porque crea en su mente una ilusión de poder alcanzar bajo cualquier circunstancia lo que desea. Para estar enamorado es necesario que exista una reciprocidad de amor entre ambas personas. De ser lo contrario entonces debiéramos emplear la palabra ilusionado.

Para el amor no hay distinción de credos, razas, preferencias sexuales, condiciones físicas o situaciones socioeconómicas, cuando el romántico emplea su mejor arte para enamorar no toma en cuenta los defectos sino la libertad de poder estar con la persona que ama o bien, pretende amar.

En las relaciones amorosas es muy común que al primer contacto físico le llamen amor, y quizá de acuerdo a cada una de las subjetividades de los individuos lo sea; sin embargo, muchas de estas relaciones “erróneas” terminan mal, con la amargura arrastrada por la calle que se nota desde que se levanta y va al trabajo o a la escuela.

Tanto el amor como el desamor es muy fácil de evidenciarlo a partir de la personalidad, en la forma de actuar, de hablar, de pensar, de sonreír o de verle siempre triste.

Para enamorar a alguien se necesita ser bastante habilidoso, es poder conocer a la otra persona para buscar y encontrar estrategias que sepa va a lo seguro, desde saber qué música le gusta, cuál es su comida predilecta, cuáles son sus pasatiempos, etc., aquél que enamora tiene el mejor de los triunfos porque sabe obtener lo que desea.

Muchas veces la persona a la que se quiere enamorar se aprovecha de lo que el ilusionado hace y deshace por él o ella, es más que evidente, la necesidad que el mundo tiene por ser el centro de atención de otros, y más cuando el ilusionado hace hasta lo imposible; pero cuando la persona en conquistar decide irse con otro y otra, el ilusionado pierde la fe, se desmorona y terminan odiando lo que un día creyó amar, así es el romanticismo, pasar de un sentimiento a otro con el mismo fervor. Muchas veces se culpa a la personas que estuvo siempre recibiendo todo lo que el ilusionado daba, pero en realidad no tiene nada de culpa, el único que debe asumir la responsabilidad de ganar o perder es el ilusionado mismo, el otro simplemente disfruto de todos los detalles y las cosas lindas que lo hacían estar en el lugar correcto a la hora correcta.

Para obtener mejore resultados no hay como conocer a la persona, saber qué es lo que busca, lo que desea, sin dobles discursos. Hombres y mujeres emplean a menudo esos dobles discursos, el problema no es que los utilicen sino el que el otro, el ilusionado no sepa entenderlos, pero hay un pequeño grave problema, que después de tantos discursos armados, termina por creer que todo es un doble discurso que cuando llega el verdadero ya es difícil de creer.

Existen los discursos como:

1. No, yo busco algo serio, algo formal.

Si esto te lo dice y al poco tiempo le sorprendes con otra persona lo que realmente quiso decir fue:

NO busco nada contigo, busco algo formal pero NO contigo.

2. Eres demasiado bueno y yo no estoy a tu nivel.

Lo que realmente quiso decir fue:

No me interesas, me pareces tan aburrido que perdería mi tiempo.

3. Dejemos que el tiempo decida lo que será de nosotros.

Y de pronto le ves con otra persona, en verdad dijo eso, dejará que el tiempo decida, pero lo que realmente quiso decir fue:

Tengo prioridades, si no me funciona tú sigues en la lista.

4. Yo no busco sólo sexo, o un rato de pasión, busco el amor.

Y claro, le ves contra la pared de un antro buscando la esencia de la pasión en los besos y brazos de otra persona, lo que realmente quiso decir fue:

NO me atraes para nada, no eres mi tipo.

La gente se maneja mucho en un doble discurso porque los hace ampararse y poder decir ante cualquier reclamo: Yo no quise decir eso... El problema es que la gente que sí es honesta y que sí utiliza realmente su discurso verdadero al cabo del tiempo ya no es creíble, no conciben la idea que alguien pueda tener un discurso verdadero cuando la mayor parte del tiempo ha escuchado y vivido todo lo contrario. Considero que el uso de un doble discurso está directamente ligado a la inseguridad, por ese no saber qué es lo que realmente se desea en la vida, en el momento, en el tiempo. Dentro de la homosexualidad es muy común que este tipo de discursos exista, sobre todo por la inseguridad social que existe para poder hacer lo que desea, para poder llegar a donde quieren. “Si no me comprometo no tengo nada que perder”, ven el compromiso como algo escabroso que los encierra y aniquila a su personalidad.

El enamorarse va más allá de un deseo, es un todo, es el querer buscar lo mejor para la otra persona, darle los momentos más felices y los detalles más auténticos; el amor no cuesta, basta con hacer sentir bien a la persona cada vez que se está con ella, es pensar en dejar las mejores memorias y hacer lo posible porque el tiempo transcurra lento y transcurra seguro. Esta es una visión romántica, la que comúnmente ya no se conoce, ya no se ve; y no es estar chapado a la antigua, es más bien, estar seguro de hacer las cosas correctas para que tenga una durabilidad satisfecha.

Si la gente piensa que los poemas, las flores, los detalles simples son cursilerías, seguramente son gente sin cultura, no por ello no habría que enamorarlos, al contrario, sería la cosa más fácil, bastará con dedicarles una canción Madonna, Lady Gaga, de Paulina Rubio o Thalia; regalarle un libro de Paolo Cohelo o Cuauhtémoc Sánchez, o invitarlos a comer a Applebees, Starbucks o Sanborns. El romanticismo va de acuerdo al coeficiente intelectual y a la cultura general del otro.

Como quiera que sea, mientras el discurso sea claro y directo la relación sentimental podrá ser fructífera, o bien, dará pauta para seguir en la eterna búsqueda del alma gemela.

SEXO VS GÉNERO

Error de apreciación homosexual

El hombre y la mujer nace con el sexo definido de acuerdo a la biología humana; sin embargo, la sociedad dicta lo que un hombre y una mujer debe ser.

Desde pequeños, incluso desde antes de nacer, y a sabiendas del sexo que muestra la criatura en el ultrasonido, ya se predetermina el comportamiento social que éste debe tener, no por ello está demás que en el baby shower si es niña se regalen prendas de color rosa, y si es niño de color azul, incluso, de no saberse el sexo, los colores ideales son el blanco, el amarillo o el verde menta. Hasta los colores marcan el sexo, al igual que los juguetes: soldaditos y carritos para niños, muñecas y trastecitos para niñas. Las niñas con falda y cabello largo, los niños con pantalón y cabello corto. Las normas sociales están establecidas entonces antes de nacer, y cuando la criatura nace automáticamente, por el sexo, pene o vagina, se le asigna el rol que debe tener.

Quiere decir que entonces el hombre y la mujer no se forma, es formado automáticamente por un rol impuesto por la sociedad. En realidad el hombre y la mujer no decide por sí solo el comportamiento social a seguir, prácticamente debe seguir lo que ya está estipulado para cada quien.

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?

El sexo es lo biológico. La composición física del hombre y la mujer, Hombres-Pene, Mujeres-Vagina.

El género, en cambio, es una construcción ideológica, una forma de pensamiento que el individuo construye de acuerdo a su propia subjetividad.

El sexo es la construcción intrínseca de la vida, el género es la reconstrucción de un SER como un todo.

Difícilmente la gente se detiene a cuestionarse por qué es hombre o mujer, si de acuerdo a lo físico ya está dado como respuesta, pero si se detuviera a pensar en su género, seguramente caería en un rol asumido socialmente por el ser hombre o mujer: el sexo.

El hombre pensará que le pertenece el género masculino, y la mujer que le pertenece el género femenino, entonces surge otro cuestionamiento, si la diferencia sexual (hombre, mujer) está en lo físico, ¿cuál es la diferencia en género femenino, masculino?

Patrones socioculturales:

Hombre

Ser fuerte que asume su condición de patriarca, hacedor de normas, le gustan las mujeres, da el apellido a quien bajo su yugo está.

Mujer

Ser débil que asume su condición de abnegada, hacedora de quehaceres domésticos, les gustan los hombres, recibe el apellido que el hombre le imponga.

Bajo estos patrones socioculturales, se asume la condición del hombre y la mujer, bajo un rol meramente machista; sin embargo, la sociedad no se lo cuestiona, lo ve tan normal como lo vive, y asume que el ser femenino implica vestir “curiocita”, con prendas de colores simpáticos, arreglada, con ademanes y movimientos sutiles y delicados, con un lenguaje propio de su condición; mientras que el ser masculino implica vestir como lo desee, siempre y cuando se sienta cómodo, con ademanes toscos, un ser rudo que puede utilizar palabras altisonantes sin miedo a ser criticado.

Cada una de estas aberraciones sociales no definen lo que es el género masculino o femenino, al contrario, siguen teniendo la base sexual del ser hombre o mujer.

Analizando la sociedad y la cultura en la que vivimos, se puede establecer pues, que el género depende de una construcción ideológica que va de la mano con aquellos dispositivos sociales de los que depende el hombre y la mujer.

El ser masculino tiende a ser un ser cerrado, hermético, que no suele demostrar sus emociones.

El ser femenino tiende a ser un ser abierto, expuesto, que suele demostrar sus emociones sin miedo a ser juzgado.

De esta lógica es que la sociedad crea dependiente el sexo del género: hombre-masculino, mujer-femenino.

Pero la construcción de género va más allá que un simple seguimiento de normas sociales, el género RECONSTRUYE la condición de hombre y la mujer.

La forma más fácil de poder conocer la construcción de género dependerá en gran medida del uso del lenguaje, es decir, la forma en que las categorías gramaticales son utilizadas en el hombre y la mujer.

El hombre bajo una condición masculina tiende a utilizar más los verbos, sobre todo los imperativos, y los adjetivos posesivos en forma directa; incluso lo podemos ver desde la simple pregunta que le hace el hombre a la mujer cuando quiere que ella sea su novia:

-¿Quieres ser MI novia?-

-Quiero ser TU novio-

Mientras que la mujer en su condición femenina tiende a utilizar más los adjetivos y los posesivos en función del otro:

-Me gustaría poder ser tu novia-

-¿Quisieras ser mi novio?-

De acuerdo a nuestro contexto y nuestra cultura podrán darse cuenta que por lo general la mujer también tiende a seguir un género masculino cuando es en casa que ella tiene la última palabra:

Hijo: Mamá, ¿puedo salir con mis amigos?

Mamá: No sé, pregúntale a tu padre.

Hijo: Papá, ¿puedo salir con mis amigos?

Papá: ¿qué dice tu madre?

Hijo: que te pregunte a ti

Papá: No sé, lo que diga tu madre.

Y es la madre la que desde un principió decidió si iría con los amigos el hijo o no.

En el seno familiar mexicano la mujer tiene su lugar como matriarcado aunque le haga creer al hombre que es el patriarcado lo que impera en su familia. La madre determina los primeros quehaceres del hombre y de la mujer. Es en casa donde se forma la primera construcción de género de acuerdo a estereotipos sociales erróneos.

Cuando llega entonces la decisión de aceptar una homosexualidad muchos de estos patrones siguen permaneciendo, y podría asegurar que más del 90% de los hombres homosexuales son machistas, al igual que las mujeres. Basta con observar a su alrededor y darnos cuenta la forma en que actúa uno y otro frente a una relación sentimental. El resto, ese 10% no usual, pertenecería a los que han RECONSTRUIDO su género con base a lo que lo femenino y lo masculino es, y no precisamente con base a una preferencia sexual. La preferencia sexual no determina ni el sexo ni el género, es sólo una preferencia más, así como a un hombre le puede gustar un buen libro, la cerveza, los hombres, el tabaco; al igual a la mujer le puede gustar un buen libro, la cerveza, las mujeres, el tabaco.

Reconstruirse de acuerdo al género es comenzar de cero, tener bien a bien lo que eres como hombre o como mujer, donde el género se orienta más a la decisión de ser libre, abierto, expuesto a demostrar sus emociones, con sus altos y bajos de la vida. El género es una forma de pensar que no determina roles sociales, sino que asume una condición propia del ser, un paradigma de pensamiento que abre la diversidad. Es por ello que considero bastante estúpido que algunos piensen que el ser homosexual es un tercer sexo, un tercer género, de ser así entonces que lo expliquen en funciones biológicas, porque el homosexual hombre sigue teniendo pene, y la mujer vagina; el masculino sigue siendo hermético, y lo femenino abierto. No existe otra clase de persona.

Si pudiéramos entender la diferencia entre el género y el sexo, seguramente la discriminación homosexual no sería parte de una sociedad retrógrada, al contrario, se aceptaría al homosexual por su condición de SER y saber ser. Entonces las propuestas de ley en adopción por parejas homoparentales y los matrimonios homosexuales no serían ni siquiera noticia, al contrario, sería un garantía más de hombres y mujeres.

EROTIZAR EL EROTISMO

Hablar de la perfección del cuerpo humano siempre ha sido tarea de todo aquél que se atreve a admirar la belleza masculina o femenina sin importar su preferencia, sin embargo, estos temas cobran sentido aún más cuando hablar desde una preferencia sexual se le da el valor al cuerpo erotizado a partir del deseo y la pasión.

Dentro de nuestra cultura mexicana si bien el sexo ha sido un tópico tabú, hablar del erotismo es una aberración que no puede ser nombrada tan fácil como se puede apreciar, y terminamos por utilizar estos temas entre la gente de “mente pervertida”. El poder disfrutar el cuerpo del otro ya sea en imagen o en carne propia es un deleite que el cuerpo y la mente nos han regalado, y es ahí donde entra la preferencia de cada quien sin distinción de etiquetas, antes bien con la identidad de saber quién eres y qué disfrutas de la vida. La homosexualidad, hoy en día, ha terminado por verse como un tercer sexo, como una anormalidad, como una sociedad que se alimenta del pecado y de los bajos instintos, como lo llama la sociedad de mente pequeña: la iglesia, y los conservadores; sin embargo, es bien sabido que la homosexualidad ni es un tercer sexo, puesto que se trata de hombres y mujeres como únicos sexos que tienen gustos diferentes a lo que la norma dicta, y asimismo tiene las mismas necesidades de poder acariciar un cuerpo, una piel; tener entre sus manos, sus labios y su lengua la sensación exquisita de disfrutar lo que es placer. El erotismo lo hemos visto como un tema velado entre las creaciones artísticas, en canciones, en poesía, novelas, cuentos, cine, etc., pero qué hay de ese erotismo que se vive en las calles, en los bares, en las alcobas furtivamente abandonadas donde se desnuda el alma por aquel deseo inaudito de querer devorar el cuerpo que se asemeje a la idea que tenemos en mente, a poder disfrutar no sólo de las imagines que la mercadotecnia te impone y te vende a toda costa, sino de poder disfrutar de los cuerpos con la complexión y la belleza que le caracteriza, que lo mismo da un cuerpo grande a uno pequeño, a alguien joven que a alguien viejo, el cuerpo es cuerpo, la carne es carne y el erotismo es el erotismo desde el gusto de cada quien.

En el sentido estricto el erotismo no es más que la culminación de los placeres que las mujeres y los hombres tienen al contemplar y saborear el rincón escondido de los cuerpos en sus deleites. El erotismo es la sensación de arrancar el alma ese deseo escondido que se atreve a asomarse cuando se ve por encima de la ropa el cuerpo desnudo del otro, donde lo imaginas a tu lado acariciando la piel que habita, la piel que revienta en esa necesidad de una caricia urgente. Hablar del erotismo no debiera ser un tabú, mucho menos en la gente que ve más allá del cuadrito establecido por la sociedad y sus malas costumbres; el erotismo es de cada hombre y mujer que se atreve a vivirlo, ¿cómo puede la iglesia llamarle pecado cuando una Teresa de Ávila, una Sor Juana Inés de la Cruz, un Juan de la Cruz, manifestaban a través de su poesía aquella exaltación del sentimiento erótico velado por la realidad de un dios que se complacía en sus deseos?, o bien, ¿cómo pueden los conservadores ofenderse con tales temas cuando sus alcobas son violentadas de la misma manera en que ellos fueron concebidos bajos los instintos de esa pasión que le llaman procreación? El erotismo no es un tema que deba ser escondido para hablarlo a susurros detrás de las paredes, el erotismo es la viva imagen del hombre y la mujer en deseo, en ese deseo que va desde la mirada hasta una piel completamente desnuda. Éste debiera ser un tema que debiera tratarse desde educación primaria donde se le haga consciente al niño de su cuerpo, de su experiencia, de su posibilidad de experimentar el gusto por su cuerpo y el cuerpo del otro, que vaya generando expectativas en la eterna búsqueda de la verdad en el deseo, para que cuando llegue a una edad en la que desee experimentarla, sepa bien a bien lo que está por saber su cuerpo, lo que está por encontrar sus cinco sentidos, al tocar una piel, al verla, al escuchar la respiración de su contrincante, al saborear a través del gusto la delicia de aquella piel que desea, al oler ese humor tan peculiar que cada quien posee para guardarlo en la memoria como único hacedor de pensamientos sublimes.

El erotismo no es sólo de los heterosexuales, sino de todo aquél que se proclame como hombre o mujer cualesquiera sea su preferencia, sin importar condición física o estrato social, sin importar ideologías o creencias, sin importar cultura o nacionalidad. A estas horas en las que estas letras sean leídas millones de habitantes estarán disfrutando de ese erotismo tan propio y único que sólo puede ser de ellos mismos, ya sea en las alcobas que se encienden en la hoguera de una pasión, en las banquetas de un parque iluminado, en los coches escondidos entre las sombras, en los hoteles, en las cárceles, en los seminarios, en las escuelas y en los claustros, donde nos aguardan que nosotros seamos uno más que se sume a ese sentimiento de poder abrazar con la piel la del otro.

Hablemos del erotismo como hablar de política o religión pero con un sentido divertido, donde se pueda compartir las experiencias de los demás, donde se pueda ver la verdad de la otredad que anhela liberar las palabras no dichas y las acciones ocultas tras la sensación de sentirse vivos. Hablemos del erotismo como un tema cotidiano que hable del clima, de la calentura de los cuerpos cuando se acercan a otros, y de ese poder mágico que puede llegar al amor mismo. El erotismo no es la pornografía ligera de los homosexuales ni de los heterosexuales de mente abierta; el erotismo es del hombre y de la mujer que se atreve a vivir sin mayor remordimiento que el de no haber podido ser erotizado por la pasión de sus instintos.

EROTIZAR EL EROTISMO


Hablar de la perfección del cuerpo humano siempre ha sido tarea de todo aquél que se atreve a admirar la belleza masculina o femenina sin importar su preferencia, sin embargo, estos temas cobran sentido aún más cuando hablar desde una preferencia sexual se le da el valor al cuerpo erotizado a partir del deseo y la pasión.

Dentro de nuestra cultura mexicana si bien el sexo ha sido un tópico tabú, hablar del erotismo es una aberración que no puede ser nombrada tan fácil como se puede apreciar, y terminamos por utilizar estos temas entre la gente de “mente pervertida”. El poder disfrutar el cuerpo del otro ya sea en imagen o en carne propia es un deleite que el cuerpo y la mente nos han regalado, y es ahí donde entra la preferencia de cada quien sin distinción de etiquetas, antes bien con la identidad de saber quién eres y qué disfrutas de la vida. La homosexualidad, hoy en día, ha terminado por verse como un tercer sexo, como una anormalidad, como una sociedad que se alimenta del pecado y de los bajos instintos, como lo llama la sociedad de mente pequeña: la iglesia, y los conservadores; sin embargo, es bien sabido que la homosexualidad ni es un tercer sexo, puesto que se trata de hombres y mujeres como únicos sexos que tienen gustos diferentes a lo que la norma dicta, y asimismo tiene las mismas necesidades de poder acariciar un cuerpo, una piel; tener entre sus manos, sus labios y su lengua la sensación exquisita de disfrutar lo que es placer. El erotismo lo hemos visto como un tema velado entre las creaciones artísticas, en canciones, en poesía, novelas, cuentos, cine, etc., pero qué hay de ese erotismo que se vive en las calles, en los bares, en las alcobas furtivamente abandonadas donde se desnuda el alma por aquel deseo inaudito de querer devorar el cuerpo que se asemeje a la idea que tenemos en mente, a poder disfrutar no sólo de las imagines que la mercadotecnia te impone y te vende a toda costa, sino de poder disfrutar de los cuerpos con la complexión y la belleza que le caracteriza, que lo mismo da un cuerpo grande a uno pequeño, a alguien joven que a alguien viejo, el cuerpo es cuerpo, la carne es carne y el erotismo es el erotismo desde el gusto de cada quien.

En el sentido estricto el erotismo no es más que la culminación de los placeres que las mujeres y los hombres tienen al contemplar y saborear el rincón escondido de los cuerpos en sus deleites. El erotismo es la sensación de arrancar el alma ese deseo escondido que se atreve a asomarse cuando se ve por encima de la ropa el cuerpo desnudo del otro, donde lo imaginas a tu lado acariciando la piel que habita, la piel que revienta en esa necesidad de una caricia urgente. Hablar del erotismo no debiera ser un tabú, mucho menos en la gente que ve más allá del cuadrito establecido por la sociedad y sus malas costumbres; el erotismo es de cada hombre y mujer que se atreve a vivirlo, ¿cómo puede la iglesia llamarle pecado cuando una Teresa de Ávila, una Sor Juana Inés de la Cruz, un Juan de la Cruz, manifestaban a través de su poesía aquella exaltación del sentimiento erótico velado por la realidad de un dios que se complacía en sus deseos?, o bien, ¿cómo pueden los conservadores ofenderse con tales temas cuando sus alcobas son violentadas de la misma manera en que ellos fueron concebidos bajos los instintos de esa pasión que le llaman procreación? El erotismo no es un tema que deba ser escondido para hablarlo a susurros detrás de las paredes, el erotismo es la viva imagen del hombre y la mujer en deseo, en ese deseo que va desde la mirada hasta una piel completamente desnuda. Éste debiera ser un tema que debiera tratarse desde educación primaria donde se le haga consciente al niño de su cuerpo, de su experiencia, de su posibilidad de experimentar el gusto por su cuerpo y el cuerpo del otro, que vaya generando expectativas en la eterna búsqueda de la verdad en el deseo, para que cuando llegue a una edad en la que desee experimentarla, sepa bien a bien lo que está por saber su cuerpo, lo que está por encontrar sus cinco sentidos, al tocar una piel, al verla, al escuchar la respiración de su contrincante, al saborear a través del gusto la delicia de aquella piel que desea, al oler ese humor tan peculiar que cada quien posee para guardarlo en la memoria como único hacedor de pensamientos sublimes.

El erotismo no es sólo de los heterosexuales, sino de todo aquél que se proclame como hombre o mujer cualesquiera sea su preferencia, sin importar condición física o estrato social, sin importar ideologías o creencias, sin importar cultura o nacionalidad. A estas horas en las que estas letras sean leídas millones de habitantes estarán disfrutando de ese erotismo tan propio y único que sólo puede ser de ellos mismos, ya sea en las alcobas que se encienden en la hoguera de una pasión, en las banquetas de un parque iluminado, en los coches escondidos entre las sombras, en los hoteles, en las cárceles, en los seminarios, en las escuelas y en los claustros, donde nos aguardan que nosotros seamos uno más que se sume a ese sentimiento de poder abrazar con la piel la del otro.

Hablemos del erotismo como hablar de política o religión pero con un sentido divertido, donde se pueda compartir las experiencias de los demás, donde se pueda ver la verdad de la otredad que anhela liberar las palabras no dichas y las acciones ocultas tras la sensación de sentirse vivos. Hablemos del erotismo como un tema cotidiano que hable del clima, de la calentura de los cuerpos cuando se acercan a otros, y de ese poder mágico que puede llegar al amor mismo. El erotismo no es la pornografía ligera de los homosexuales ni de los heterosexuales de mente abierta; el erotismo es del hombre y de la mujer que se atreve a vivir sin mayor remordimiento que el de no haber podido ser erotizado por la pasión de sus instintos.

martes, 19 de julio de 2011

PENSAR O SENTIR

A Susana Plascencia


El “amor” va y viene, pero siempre buscamos podernos encontrar con ese alguien que nos haga sentir vivos, y es ahí donde nos preguntamos, cuando creemos haberle encontrado, qué es mejor, en cuestiones de amores, elegir con el corazón o con la cabeza.

Si pensamos que el amor existe como un concepto único realmente estamos muy equivocados y terminaremos por hacer del amor una utopía. Estoy de acuerdo que cada persona habla desde la subjetividad propia, desde su propia experiencia, para algunos el amor puede comenzar desde un abrazo, un ramo de flores, un momento con tu pareja en el cine, un silencio prologado que no molesta; pero, ¿realmente, qué es el amor?

Si al momento de sabernos frente al otro reconocemos esa parte que nos atrae, que nos llama, que nos hace sentir libres, luego, luego, por mero sentimentalismo acabamos por pensar que eso es amor. Es ahí donde caemos en el error, si nos dejamos llevar por un SENTIR, el idilio terminará más rápido de lo que creemos; terminará por ser sólo una forma y no un fondo donde podamos realmente comprender la magnitud de lo que representa. Considero que realmente hemos sobrevalorado la palabra amor, la queremos encontrar como receta en cualquier persona: agrega un poco de cariño, dos, tres gotas de pasión, un tanto de deseo, y listo, el amor aparece en tu plato para ser devorado por las primeras bocas que lo prueben. El amor no es una receta mágica, ni unos pasos a seguir para tener a la persona que deseas tener. En cuestiones del corazón, para saber elegir correctamente a la persona indicada, es necesario dejar a un lado el sentimiento y realmente PENSAR.

Sé que mucha gente estará en contra de esta premisa, pero si lo vemos desde el punto de vista donde queremos en realidad tener a alguien a nuestro lado y poder ser nosotros lo que los demás necesitan, entonces es necesario pensar con la cabeza y no sentir con el corazón.

Dentro de una cultura como la nuestra, donde el amor lo hemos reducido a satisfacciones que el corazón siente, encontramos entonces que no es amor lo que une a alguien con otro, sino algo que se le llama costumbre; el corazón se acostumbra a sentir bonito, a sentirse agradado por halagos, cumplidos, roces, palabras, etc., pero entonces, a eso lo reducimos, a hacer del amor una costumbre. Si nos pusiéramos a pensar detenidamente lo que deseamos elegir en nuestras vidas, en cuestiones del amor, entonces estaríamos seguros que sería duradero, un amor sin principio ni fin, sólo un amor como base y ejemplo de nosotros mismos.

Y es que lo entiendo perfectamente, nos cuesta trabajo llevar al amor a una idea pensada, porque entonces somos vistos como gente fría, sin sentimiento, que calcula cada paso y decide dónde comenzar y dónde acabar. ¿Y no es eso lo más honesto, dejar claras las cartas sobre la mesa y dejar que también el otro lo piense y lo decida?

Desafortunadamente no pensamos en las consecuencias que existen el SENTIR amor por alguien, y terminamos creyendo que eso es amor. Creer no es lo mismo que pensar, creer es sentir, sin razón válida ni argumento, pensar es crear y razonar una serie de ideas que te lleva a formular argumentos que validen tu forma de pensar. El pensar te lleva a ver a futuro lo que estás dispuesto a vivir, lo que deseas vivir, y no comenzar por dejarte llevar a ciegas por un sentimiento que, en pocas ocasiones, perdura. Si nos ponemos a observar a nuestro rededor las parejas que conocemos, podríamos asegurar que más de 80% de ellas, sienten el amor sin razonarlo; y sí, es verdad, uno no decide cuándo enamorarse de alguien, eso lo sientes, pero sí podemos decidir si continuar o no, si cumple con nuestras expectativas o no, de acuerdo a la idea que nos hemos formado de ello. Sin embargo, el corazón no debe ni puede decidir, sino nuestra cabeza para saber lo que es bueno para nosotros de acuerdo a lo que nos hemos formado como ideología.

El saber dónde estamos parados y hacía dónde vamos, nos permite pensar en frío y decidir por una cosa u otra. El pensar a quién amar, nos hace estar en el lugar indicado para él o para ella, pero sobre todo para nosotros. Creo que ahí radica la inteligencia de saber escoger a la persona indicada para uno. Eso sí, siempre y cuando sepas qué es lo que quieres para ti y lo que estás dispuesto a dar. Muchas veces creemos que sabemos lo que queremos, y al “sentir” ese amor nos dejamos llevar, y no dudo que el tiempo invertido valga la pena, que nos hagan sentir bonito, y nosotros a los demás, pero ¿para qué?, ¿para que no dure lo suficiente y terminemos doliéndonos por los rincones?, las cosas hay que saberlas definir por su nombre, desde un me gustas, un te quiero, un te amo, sabiendo plenamente que lo que estamos haciendo es lo correcto. Más vale decir adiós de una buena vez y sin resentimiento, que maldecir mil veces pidiendo que se largue la gente de nuestras vidas porque lo que sentíamos ya no es igual, porque no lo pensamos, nos dejamos llevar sintiendo solamente.

Igual que en la religión, nos han enseñado a no pensar, muchas veces la gente cree que hablar de amor es como hablar de dios, un acto de fe, una creencia, donde no puedes ni debes pensar, y la cosa no es así, tanto en la religión como en el amor debemos aprender a pensar muy bien las cosas para saber elegir, ya sea que elijas seguir creyendo, seguir sintiendo que existe un dios, no es igual que pensar lo que deseas elegir para después poder sentir al máximo el amor. En eso estoy de acuerdo, primero hay que pensar en cuestiones del corazón, saber elegir y entonces sí, poder vivir al máximo el sentimiento de amar y ser amado.

Una analogía muy simple: “Creo que va a llover”, existe la posibilidad que llueva o no, pero igual lo sientes, igual que “creo en dios”, existe la posibilidad que para ti exista o no, simplemente lo sientes. No es lo mismo, sé que va a llover porque lo has comprobado de mil formas, sobre todo razonando, cuando ves el cielo encapotado y la humedad del tiempo; de la misma manera es el amor, sé que es amor, porque lo puedo razonar de acuerdo a mi experiencia y a lo que busco; y no el creo que es amor porque lo siento. El amor no debe comenzar por un sentimiento, sino por un razonar que lo lleve al sentimiento. Es la forma más correcta para que no nos duela cuando uno de los dos se enamora y el otro no.

Y tú, ¿Ya pensaste lo que has elegido?, o simplemente lo has dejado como un acto de fe sintiendo amor y no razonando.

viernes, 24 de junio de 2011

A UN SALTO DE LUJURIA

Todo mundo creía en su inocencia, la veían tan dócil, tan inocente con su carita de ángel que no podían imaginar que ella misma hubiese cometido una atrocidad como tal. Cuando la encontraron en el lugar de los hechos, antes de auxiliar al moribundo, corrieron los policías a auxiliarla a ella, le pusieron una franela encima para protegerla del frío de aquella madrugada; le ofrecieron un vaso con agua, un pedazo de galleta que alguno de ellos traía escondido entre su chamarra; el otro, incluso, se quitó su pantalón para que ella no estuviera desnuda; mientras que el moribundo iba dando sus últimos suspiros al viento con media yugular abierta por la que drenaba litros y litros de sangre; líquido viscoso que tenía un mal olor. Cuando recibieron la llamada de unos de los vecinos, sobre el escándalo en la casa contigua, los policías salieron pacientes, sin urgencia, como era su costumbre, creyeron que de nuevo era un chisme magnificado de la vecindad donde siempre salían estas ventajosas injurias; llegaron al lugar, y desde la entrara se percataron de un olor penetrante, un olor entre mierda y huevo podrido, un olor que desde que se respiraba se quedaba clavado en la parte superior del cerebro para jamás olvidarlo, éstos lo atribuyeron a la sangre, ¿qué más podría ser si el salón donde se encontraban estaba completamente vacío, y ella completamente desnuda y bella como para pensar siquiera que ella era la que despedía tan fétido hedor?

Desde que vieron al hombre tirado bocabajo en el suelo, casi desnudo, sólo le cubría sus partes íntimas con un pedazo de tela de lo que había sido el vestido de ella antes del atraco; tirado ahí lo patearon, le escupieron y lo dejaron desangran hasta morir, era más fácil dejarlo morir que hacer lo posible para que viviera y esperar a que alguna ambulancia llegara a salvarlo, hicieron lo que todo hombre común haría: acabar de una vez por todas con el maldito que había querido ultrajar la integridad de semejante mujer. Frente al cuerpo tirado los dos se jugaban la partida al golpearlo, queriendo impresionar a la hembra que los admiraba de reojo, alguno de ellos debía recibir el gran premio, un premio tan merecido que sólo ella podía otorgarles. Ambos se pavoneaban y tiraban carcajadas al aire para ser admirados por aquellos ojos tan dulces y bellos.

Al poco tiempo ella se incorporó con cierta seguridad que jamás se haya visto, mucho menos de alguien que acaba de ser ultrajada de semejante manera. Se puso de pie, se quitó el pantalón que uno de los policías le había prestado, se quitó también la franela de encima y quedó completamente desnuda frente a los ojos de estos hombres que babeaban cual cerdos en celo; en sus ojos, de los policías, se tornó la mirada del deseo y la lujuria; sus cuerpos reaccionaron al momento irguiendo su masculinidad tan pequeña, tan diminuta que no fácilmente podía satisfacer a cualquier mujer. Ella volteó a verlos, les hizo un gesto provocativo y subió lentamente las escalinatas que la llevaba a alguna recámara, o al menos eso fue lo que ellos, tiempo después declararon ante el juez.

A cada uno les fue presentando el gran premio que debía otorgarles: el sexo. Después de un buen rato llegó el detective, examinó el cuerpo que yacía en el piso sobre un charco de sangre, analizó cada una de las escenas del crimen, dibujó en su mente un crimen pasional; aún no daba con el móvil cuando vio bajar al par de policías con cara de estupefactos, asustados, sin saber qué decir o cómo comportarse, permanecieron en silencio, sin emitir sonido alguno, sólo escuchaban las palabras del dictamen que iba determinando el detective.

Ambos policías fueron condenados a 50 años de prisión, a ellos se les inculpó del crimen que se había cometido, bajo ninguna circunstancia se podía imaginar que hubiese sido ella la que lo hubiera matado. Cuando rindieron declaración el par de oficiales, ambos tenían vergüenza, jamás en su vida se habían sentido tan sucios de sí mismos. Cuenta la declaración que cuando ambos subieron al dormitorio de aquella mujer no supieron más de sí mismos, todo era completamente oscuro y cuando fue tiempo de bajar a recibir al detective, los dos se encontraban abrazados el uno al otro, declarando una escena de sexo sin límite entre ellos que jamás se les hubiera ocurrido; la mujer jamás estuvo presente, ni siquiera supieron dónde fue que estuvo, toda la acción sexual supusieron que había sido ella la del encuentro, pero cuando el detective llegó, ella estaba exactamente en el mismo lugar, igualmente desnuda, igualmente bella y atraída por esa singularidad que le caracterizaba.

El detective también estuvo a punto de caer en la trampa de esa mujer, pero se resistió; esposó a los policías, y a ella la subió a su coche para llevarla a la comandancia. En la comandancia ella misma ante el juez, se declaró culpable de haber matado a ese hombre, pero el juez no le creyó, pensó que por alguna extraña razón ella estaba protegiendo al par de agentes. En realidad había sido esa belleza tan definida, tan exacta la que le otorgó la salida fácil del juicio.

En la penitenciaría, de vez en vez, los dos expolicías se ven aún a escondidas detrás de los baños para recordar esa insólita experiencia, que si bien no había sido amor, sí había sido un salto de lujuria que los perseguiría toda la vida. Cada vez que se veían a hurtadillas, un fétido olor emanaba de sus cuerpos, un olor a deseo, a pasión, a carne contra carne desenfrenada. De ella jamás se supo nada, impune, como debió haber sido ante aquella belleza de una perfección tan exacta.

viernes, 17 de junio de 2011

A LA BUENA DE DIOS

Agazapado sobre la maleza de aquel lote baldío acechaba a su próxima víctima, esperando el momento oportuno para salir de su escondite y atacarle como era ya su noble costumbre tantas veces entrenada y siempre satisfecha. Mientras esperaba que el siguiente transeúnte recorriera sus dominios pensó un poco, o al menos eso quiso hacer, pensar. Hacía tanto que no pensaba que le incomodaba la sola idea de tener una idea que pareciera “razonar”. -¿Por qué la gente se la vive pensando?- se dijo en voz alta, tapándose enseguida la boca para que nadie descubriera que por ahí estaba escondido, supuso que se podía vivir sin pensar, no siempre lo que uno cree que piensa es realmente utilizar el raciocinio, muchas veces es sólo eso, creer, donde el creer no tiene fundamento alguno más que el de una corazonada que no tiene explicación alguna pero que le hace sentirse, por un corto instante, seguro de sí mismo. Así estaba él, esperando su víctima en lo que se cuestionaba si creer o pensar era lo correcto. Quiso esquivar la sola idea, y comenzó a contar, a ciegas, las hojas muertas que caían de un árbol seco que le servía como techo en ese momento, pero terminó pronto, sólo alcanzó a contar no más de 360 hojas que iba apachurrando con sus manos cuando las dejaba caer al piso sucio y árido de esa noche sin aliento. Después continuó en querer arrancar la maleza que le protegía de ser visto por alguien más, hasta que se dio cuenta que él mismo se descubría y dejaba de tener ese valor inherente de poder asustar a quien atravesara ese rincón del pueblo. Alzó la vista al cielo queriendo adivinar las horas que transcurrían con el brillo de las estrellas, pero para su mala suerte no había estrellas en el cielo, se avecinaba una tormenta y las nubes cubrían su horario. Echó dos o tres suspiros al viento, dándose cuenta de su sonido, tapó su boca, no fuera a ser que a esa hora y todo en silencio alguien le descubriera antes de su atraco. Si estaba en cuclillas terminó por sentarse en el suelo, no podía ensuciarse más de lo que ya estaba, así que ignoró el recuerdo como conciencia de su madre cuando le regañaba y le obligaba a que, por ningún motivo, ensuciara la ropa que le había puesto. Y ahí en su silencio, de pronto, creyó escuchar unos pequeños pasos que se aproximaban, escuchaba el crujir de la hierba y se dispuso a salir a su encuentro, trataba de ver entre los matorrales y arbustos muertos, y nada, no podía ver el dueño de aquellos pasos que se aproximaban con mayor intensidad hacia él, no supo ni en qué momento pero comenzó a tener miedo. ¿Miedo él?, pero cómo podría tener miedo alguien que ha sabido sobrevivir asaltando a cuanta víctima tuviera a su alcance.

Trató de pensar de nuevo, en su miedo, pero recurrió a lo más fácil, creer que sólo era un frío que lo hacía temblar. No supo ni cómo, ni en qué momento pero algo tremendamente enorme se acercó a él por la parte de atrás, esa cosa posó sus extremidades sobre sus hombros, por la espalda, lo que le hizo quedarse inmóvil, pávido; sintió como la sangre comenzaba a acelerar su paso por su cuerpo, y cómo sus cabellos hirsutos se crispaban. De pronto pensó, o al menos creyó, en echar a correr como lo hacían sus víctimas cuando él se acercaba a ellas con cara de maníaco, pero no pudo, estaba completamente paralizado, además de no sentir respuesta en sus piernas por la mala posición que por mucho tiempo habían estado igual. Entonces sí, pensó que lo ideal era pensar, pensar en todo menos en ese momento. Pensó cómo le hacía la gente cuando llegaba a sus casas después de ser sorprendidas por él, -¿será así que la gente sale ahora con pánico y no quiere volver a cruzar ese lugar donde fue atracada?-, en ese momento él mismo se convertía en una víctima de algo que no sabía qué forma tenía, ni siquiera lograba adivinar las extremidades finas y definidas que sentía en su espalda. Quiso por vez primera pensar en dios, pero no le sirvió de mucho, por más que existiera o no, en ese momento no esperaba su socorro divino venido de lo alto justo para salvarlo, entonces supo, en ese momento, que dios no era real, al menos no para él, era sólo una creencia antigua de débiles mentales que necesitaban sentir algo, no pensar, sino sentir, y él, lo menos que quería era sentir, sino pensar y saber que debía salir ileso de esa ocasión tan única en su vida, no como cuando su madre lo agarró a taconazos cuando, a su escasa edad de 12 años, llegó tantas veces borracho a la casa; no era que a la madre le molestara que llegara borracho, ella misma era una borracha, le molestaba que no se emborrachara con ella y que prefiriera a sus amigos. En muchas de esas ocasiones creyó en dios, esperaba el rescate divino bajado del cielo en un trineo como de Santa Claus pero más bonito y sin renos, sino con caballos de luz y ángeles, y no, nunca llegó nada en su auxilio frente aquella escena de su madre enloquecida. Pues justo esta vez también sería igual, nada le podía rescatar, por más que siguió los pasos que planteó su catequista tantas veces de niño, de calmarse, de relajarse y pensar en dios, simplemente no pudo, nada en ese momento le tranquilizaba, al contrario, cada vez que pensaba en dios no sabía si temerle más a ese ser inexistente o ese maléfico engendro que se apoderaba de él en la parte de atrás. Fue entonces cuando toda la maldad de dios o del demonio, que son la misma cosa, dejó caer su ira y lo destruyó por completo, de ser el hombre más buscado del pueblo, el maleante, el malandro por excelencia, pasó a ser un cadáver al amanecer, muerto de miedo, de su propio miedo por el hacedor de la oscuridad que ahora se apoderaba de él sin dejar de quitar sus extremidades de su espalda. Sólo sintió cómo algo cálido y viscoso le rozó la oreja, suficiente para morir de miedo.

A la mañana siguiente le encontraron muerto entre la maleza totalmente arrancada. Sus manos estaban sucias, su cara, todo él. La gente lo reconoció y supo que era el mismo que había asaltado tantas veces a tanta gente, pero con toda la devoción de sus dioses, se quitaban el sombrero posándolo sobre su pecho para persignarse y darle el último adiós a su enemigo, todos: jóvenes, mujeres, niños, hombres de edad; todos sin excepción lloraban la muerte sin llanto de aquel don Nadie, sólo a lo lejos, cuando la gente se iba se escuchaba el llanto de un animal lastimero, un perro que yacía a su lado, el mismo que lo encontró la noche anterior y que lo mató de miedo. Justo cuando el animal había encontrado un amo, éste lo abandonaba como otros tantos, a la buena de dios, y lo dejaba de nuevo solo. No le quedó más que guardar luto a los pies de esa su tumba humilde que nadie más quiso edificar ni una cruz, pues no era un hombre de dios, muchos menos de los de ellos.

martes, 15 de febrero de 2011

¿ACTIVISMO O EXHIBICIONISMO GAY?

En los albores del siglo XXI, en un país donde el narcotráfico, la corrupción, la prostitución, las muertes y el sistema jurídico es el pan de cada día, saber de grupos activistas en pro de la homosexualidad es irrisorio, o mejor dicho, es totalmente surrealista.

Desde hace un poco más de 20 años, el activismo homosexual se ha hecho presente en Baja California, sobre todo en la ciudad de Tijuana: la ciudad con mayor índice de gente homosexual, gente que se les arrebata sus derechos a diestra y siniestra; gente con mayor índice infectada con HIV, etc., nuevos grupos surgen y otros desaparecen por la poca o nula participación de gente comprometida con un activismo social.

¿Qué es lo que realmente está sucediendo con estas propuestas?, ¿qué es el activismo?, ¿por qué crear un activismo frente a grupos vulnerables y separar a los homosexuales de ese grupo?

En todos los ámbitos hemos querido copiar de otros países la forma de reclamar al gobierno y a la sociedad, y así mismo nos hemos inventado nuestro tan peculiar activismo social en pro de la homosexualidad, de los transgéneros, de los bisexuales, de los intersexuales, de las lesbianas.
En un análisis austero de estos activistas se puede percatar que todo se reduce al un desfile gay en las calles más escondidas de la ciudad para exhibir gran parte de la sociedad que ella misma rechaza y discrimina. Es como el niño que hace un desfile de reproche en el patio de su casa porque su mamá le ha prohibido jugar vídeojuegos.
El activismo en Estados Unidos, por ejemplo, va desde la exhibición de personas con inclinaciones y fetiches diversos, hasta la gran propuesta que tienen como la de reclamar sus derechos como ciudadanos, como individuos, donde gran parte de organizaciones sociales y asociaciones civiles apoyan tal reclamo por los derechos, entre ellos firmas de abogados, clínicas de atención de VIH, doctores, padres de familia que apoyan la libertad de elegir de sus hijos, universidades, institutos, religiones o sectas, sociedad en general; cuando a su vez vemos la escasa participación de la sociedad en el activismo en Tijuana, ¿pero, qué hay para ofrecerles a la sociedad?, ¿un desfile de reinas de carnaval con temática homosexual en carros alegóricos, música de iconos que sólo ellos disputan como reinas del pop o del ambiente, ganadores de certámenes de Mr. Gay, o Miss Gay, ciertas ponencias que se reducen a declararse homosexuales frente a la comunidad que los escucha, y culminar con un festival artístico que en sí es lo único loable que pueden ofrecer a la comunidad?

Considero que han olvidado que ser un grupo que se discrimina por la sociedad al hacer este tipo de eventos es exactamente lo mismo, autodiscriminarse con plena conciencia para salir a las calles y hacer ver que son discriminados, sí, pero caen en la misma retórica de lo que rechazan y reclaman a la gente. En ese caso, ¿por qué no salir a las calles y hacer un activismo en contra de los gordos, los feos, los morenos, los discapacitados, los pobres, los incultos, los chaparros, etc? No concibo la idea de salir a la calle a gritar tu preferencia sexual, es como salir a la calle y gritar su preferencia de música, de alcohol, de literatura, porque es igual, la gente sigue siendo discriminada por escuchar tal o cual música, por beber tal o cual tipo de alcohol, por leer tal o cual literatura. Antes de hacer un activismo gay en las calles a escondidas de la gente; es decir, no solamente en la calle Revolución sino en Zona Río, en Bulevar Aguacaliente, deberían protestar por no ser tomados en cuenta como individuos ante la ley y ante lo social, con sus garantías individuales y demás; ¿por qué no salir todos uniformados que note la gente que están unidos y no sólo en este tipo de eventos anuales? El activismo en Baja California, en especial en Tijuana se ha vuelto un exhibicionismo en toda la extensión de la palabra. ¿Dónde quedan las mesas de trabajo para una toma de propuestas sociales en pro de grupos vulnerables y no en específico de GLTBI?

Afortunadamente se ha gestado un nuevo grupo con ideas revolucionarias en estos menesteres, los llamados COCUT que es una organización que no sólo se reduce a GLTBI sino a género y grupos vulnerables, esperemos que la calidad de este grupo sea tan fructífera como debe ser, que dé a Tijuana una imagen de la homosexualidad no como una preferencia sexual, sino un estilo de vida que la gente elige. Sólo esperamos que no se reduzca a "Hola yo soy fulanito de tal y soy gay", y reclame su aceptación; sino que sigan con sus propuestas ante la cámara de diputados que reclamen los derechos de quienes son perseguidos; pero eso sí, que la imagen que den ante la sociedad sea la de individuos con una calidad humana y una educación que demuestre que detrás de esas vidas no hay más que ellos mismos, no más una preferencia sexual, no más un estigma, no más un estereotipo cultural.

Si logran erradicar el estereotipo cultural del típico gay, donde la sociedad no vea al que prefiere tal o cual cosa en lo sexual, sino al obrero, al maestro, al abogado, al estilista, al cajero de un banco o de un súper mercado; a la secretaria, a la burócrata, a la directora de una primaria, a la alumna; al individuo social, entonces, y sólo entonces estaremos frente a un verdadero activismo social sin tinte alguno de preferencias sexuales.