domingo, 13 de mayo de 2012

EL DISEÑO HOMOSEXUAL

Desde los tiempos más remotos, la homosexualidad entre hombres y mujeres siempre ha existido, ahí tenemos a las civilizaciones como los griegos que justificaban su homosexualidad de hombre a hombre como el intercambio de poder intelectual, de hombría, de sabiduría a través del coito y la eyaculación; Sócrates, Platón, etc., o bien, la misma conexión sentimental, emocional, íntegra entre las mujeres como Safo de Lesbos, con su poesía al amor por las mujeres.

Anatómicamente se sabe y se conoce que el hombre no está diseñado para cohabitar con otro hombre, lo mismo en la mujer. Cierto es que existen mil y un formas de obtener ese placer, pero el cuerpo en sí fue diseñado para la procreación, de aquí que sale mi cuestionamiento, y a su vez el poder entender por qué el hombre y la mujer homosexual suelen ser más promiscuos e infieles que los heterosexuales.

En un estudio realizado en EU, por el Dr. Satinover, las estadísticas demostraron que el homosexual promedio, (hombre o mujer), tiene 50 parejas al año, mientras que el heterosexual promedio (hombre o mujer), 4 parejas al año. Lo que deduce que el homosexual tiende a no ser estable en relación, por lo tanto infiel.

Considero que el sentido de pertenencia no sólo está enfocado a un lugar donde se establece el ser humano, sino a una persona también. En este caso el homosexual promedio no tiene un sentido de pertenencia entre las parejas sexuales con quien se relaciona. De ahí que comprendo que el homosexual no esté diseñado para una relación estable. Sin embargo, habría la posibilidad de cambiar las estadísticas si realmente logramos que el homosexual concientice sobre su propio ser, quién es, cómo se define ante los demás, no por lo sexual, sino por la esencia del ser. Con esto no pretendo dar clases de moralidad o ética, simplemente un poco más allá de la filosofía, el saber ser como SERES humanos y no sólo como personas o entes sociales.

El diseño no está sólo en lo sexual, sino en la razón y en el sentimiento. Si analizamos a las parejas homosexuales que no están dentro de esta estadística descubriremos que la mayoría de ellas encontraron en el otro su sentido de pertenencia, así como el heterosexual lo encuentra en la relación de ser padre o madre, también el homosexual lo encuentra en la relación de ser pareja.

¿Qué le hace al hombre o a la mujer estar en una relación estable?, ¿por qué es más factible una relación fiel entre los heterosexuales que en los homosexuales?

Muchas de las respuestas pudieran estar en el lector que puede hacer el recorrido de sus parejas y darse cuenta por qué lo hace estar en esa relación, o por qué ha estado continuamente en ese afán de estar con otras por corto tiempo.

La relación interpersonal del ser humano debiera radicar en el sentimiento y en la razón, si uno descubre quién, es automáticamente descubrirá lo que busca y lo que necesita, sin embargo, para muchos ésta es una eterna búsqueda sin fin. El ser homosexual no solamente está en la relación sexual, está también en esa relación sentimental que une a uno y a otro en un mismo complemento, no es buscar la media naranja sino una naranja o manzana entera que complete la idea de lo que se está buscando y no la idea de lo que lo complemente a uno.

Socialmente el individuo se ha apegado a una definición errónea sobre la homosexualidad, tanto que la hemos visto como una discriminación constante entre la gente, la definición no debe radicar en la preferencia sexual, sino en un todo por el todo, es decir, en quién eres como hombre o mujer, y en ese quién eres, estará la definición de tus gustos y preferencias en la vida. Lo mismo será definirse como un hombre que gusta de la literatura, del Rock Clásico, del color amarillo, de los hombres, del buen vino, el buen tabaco, etc., entre todos los gustos está una preferencia sexual establecida pero no lo define sólo ésta, sino el conjunto e gustos que tiene en la vida que lo define como tal, y que a su vez lo hace conciente de ser un hombre normal.

La homosexualidad debiera ser todo un estilo de vida, una ideología, una manera distinta de pensar, de hacer, de sentir, siempre con plena conciencia del ser ante todo. La homosexualidad es una experiencia existencial, así como lo es la heterosexualidad, sin embargo, el individuo se ha supeditado a parámetros establecidos por la sociedad donde no se cuestiona más allá de lo que desea a corto o largo plazo, porque así lo dicta la cultura y la sociedad en la que se desenvuelve, pero deja atrás su reconstrucción individual porque cree que ya la misma sociedad lo ha definido como tal, y en cierta manera lo hace, aunque no sea lo correcto. Cada cabeza es un mundo, cada individuo es distinto a otro, por lo tanto, si el hombre y la mujer comenzara a conocerse, a saber quién es, qué desea, qué busca, entonces tendríamos mejor sociedad sin prejuicios. Muchos de los prejuicios sociales se los debemos a una sociedad retrógrada y anticuada, de “buenos modales y buena educación”, pero eso no está exento del homosexual, también el homosexual tiene y aprende esa educación para la vida, esos valores que desde casa comienzan, el problema es que ellos mismos se segregan, se vuelven una “minoría vulnerable”, y entonces se separen del resto de la sociedad, cuando en realidad, si tomamos en cuenta la premisa anterior, todos somos iguales bajo un mismo sexo, hombres y mujeres, más no por gustos o preferencias, que esto no debe definir al individuo como tal.

El hombre y la mujer homosexual sí está diseñado para estar en pareja, no para la procreación, claro está, pero sí para vivir en armonía, para convivir, para permanecer estable en una relación duradera, para disfrutar de los placeres del sexo, de la pasión, del deseo; el sentido de pertenencia, de pertenecer en una relación, está en la medida en la que sabe ser, se conoce y reconoce ante los demás. Ese sentido de pertenencia está en la relación sentimental-sexual que le hace ser parte del otro, no como medias partes, sino como enteros que comparten la vida como hombres y mujeres.

Satinover, J. (2003). Homosexuality and the Politics of Truth. Grand Rapids, Michigan: Hamewith Books.

HACIA UNA EDUCACIÓN LIBRE DE ETIQUETAS

Hoy por hoy, en distintas sociedades aún se vive la discriminación hacia los homosexuales, al igual que existen aquellas campañas por una homosexualidad libre de discriminación. La gente ve a diestra y siniestra el comportamiento de grupos opuestos a favor o en contra de los homosexuales, pero, ¿realmente se necesita educar a la sociedad en términos de reconocer al homosexual por una preferencia? La respuesta es NO, se necesita educar a la gente que existen hombres y mujeres con ideologías diferentes, no con preferencias. La preferencia es algo propio del ser humano, es una característica individual que no debe ni tiene que abanderarse como estandarte para dar a conocer una identidad.

Considero que el error más grande es querer demostrar un “tercer sexo”, un “tercer género”, cuando no lo hay, cuando no existe esa distinción. Hay dos sexos HOMBRE y MUJER. Hay preferencias, sí, heterosexual, homosexual, bisexual, etc., pero no por ello es menester salir a las calles a luchar por algo que no corresponde.

Lo que sí corresponde es luchar por los derechos que se tiene como individuo, como ciudadano, como hombres y mujeres que desean ser parte de las garantías, los derechos y obligaciones que la Constitución le otorgue.

Para que la discriminación sea algo como tal se necesita de etiquetas y sólo a partir de ellas la discriminación se vuelve la ofensa a terceras personas. Para discriminar a los negros sólo se necesita, bajo su color, etiquetarlos como negros, para discriminar a los indígenas sólo basta con ponerles la etiqueta de indígenas, así mismo basta con que al homosexual se le etique como tal para discriminarlo; y pregunto: ¿No es acaso el mismo homosexual el que se etiqueta al decir que es gay y desea ser reconocido como tal?

¿Por qué tendría que luchar por un matrimonio homosexual?, ¿por qué lucha por ser incluido como si fuera alguien a parte?

Al momento que el homosexual lucha por el matrimonio con nombramiento y título: Matrimonio Homosexual, automáticamente se está etiquetando.

-Reconóceme, soy gay, y quiero el mismo derecho que los heterosexuales.-

Ante esta sentencia encuentro una paradoja tajante:

-NO me discrimines por ser homosexual, pero sí reconoce mi etiqueta como tal-

Uno de los argumentos más estúpidos que a menudo escucho es:

-Ellos también tienen sentimientos-, ése “ellos también”, los cataloga como algo aparte como si fueran extraños a los hombres y a las mujeres, como si fueran un ser viviente diferente al ser humano.

Traigo a colación este tema porque en la semana me encontré con algo que desconocía en virtud de las inmobiliarias, el nuevo INFONAVIT ROSA, que está dirigido específicamente a las parejas homosexuales que deseen comprar una vivienda.

Primeramente me causó asombro que más que ser parte de una NO discriminación automáticamente se esté discriminando al ponerle una etiqueta, y para variar el uso del color rosa. Identificar al homosexual con colores, con nombres, con títulos no nos hace que seamos tolerante y “eduquemos” a la gente a ser tolerantes también, al contrario, considero que plantea más directamente la discriminación. De ser así ¿estaría entonces el homosexual de acuerdo con tener letreros en el servicio público, en el transporte, en los restaurantes, en las escuelas, baños para hombres, mujeres y homosexuales?

La misma homofobia es provocada por la gente que pretende, a como dé lugar, demostrar su preferencia sexual.

La homofobia y la discriminación se combate con EDUCACIÓN, una educación donde se demuestre que se tiene la misma libertad de credo como de preferencia, sin andar por las calles gritando que son católicos, mormones, homosexuales o testigos de Jehová. El derecho lo tenemos todos a hacer de nuestras vidas lo que deseemos, así mismo tenemos las mismas garantías como ciudadanos por ser hombres y mujeres de una nación, no por tener un gusto o una preferencia sexual diferente. El INFONAVIT debe estar abierto a los derechos que tienen dos hombres o dos mujeres a comprar una vivienda, el matrimonio debe tener el mismo derecho para dos hombres o dos mujeres que desean ampararse jurídicamente. La educación sobre el homosexual no versa en educar a la gente a que existen personas diferentes, sino que todos somos iguales bajos los mismos derechos que nos rigen.

Eduquemos sin etiquetas, sin enseñar a los demás que ser homosexual es lo diferente, lo diferente está en la manera de pensar, en la ideología, no en la preferencia. Ser homosexual es sólo una característica más del individuo, así como ser alto o bajo de estatura, de complexión delgada u obsesa, de tez blanca o negra, de ojos grandes o pequeños; ser de inteligencia alta o promedio, ser literato o abogado. Simplemente es una característica más.

La inclusión de pelear por los derechos del homosexual no debe ser en función de una preferencia sino de un derecho que se tiene como hombre o como mujer, entonces, sólo entonces estaremos educando a la gente a no etiquetar, a no discriminar por una preferencia, a no señalar al homosexual por una forma de vestir, de hablar o de andar.

Las Ciencias Naturales desde la Educación Primaria no tiene porqué enseñarles a los niños que existen hombres, mujeres y gays, porque los gays son hombres, los gays son mujeres. Hablemos en la educación que existen dos padres o dos madres sin etiqueta alguna. ¿No se utiliza el término de familia heterosexual cuando se enseña el núcleo e la familia, o sí?, la gente aprenderá que es parte de la sociedad simplemente con reconocerlos como parte de lo que somos, sin necesidad de etiquetas.

Estoy en contra del matrimonio gay, pero estoy a favor que un hombre se case con otro, que una mujer se case con otra por las cuestiones jurídicas que amparan a la pareja.

Estoy en contra del INFONAVIT Rosa, pero a favor de un INFONAVIT donde dos hombres o dos mujeres puedan comprar una vivienda.

Estoy en contra de la adopción homoparental, pero a favor que dos mujeres o dos hombres puedan exigir el derecho que tienen a adoptar y criar a un niño o a una niña.

De esta manera podremos erradicar la discriminación y salir a la calle en un activismo ciudadano sin tintes sexuales, pero sí con una firme visión de luchar por los derechos de los hombres y las mujeres, sin etiqueta alguna.

Nos hemos preocupado por educar con base a valores, pues comencemos entonces a educar el valor que tiene el hombre y la mujer por elegir lo que le plazca; y cuando un niño cuestione por qué dos hombres o dos mujeres van tomadas de la mano podamos responder que es por amor, sin necesidad de etiquetarlos por tener una preferencia sexual.

Si realmente te preocupas por la homofobia, la discriminación al homosexual, también preocúpate por los indígenas, por las mujeres golpeadas, por los discapacitados, por los pobres, pero no por la etiqueta sino por el valor que cobra cada uno de estos grupos como ciudadanos.

Reformemos las leyes para que todo hombre y toda mujer tenga derecho a sus garantías individuales y eliminemos de nuestro vocabulario los términos: homosexual, gay, lesbiana, indígena, discapacitados, etc., y seamos Hombres y Mujeres en lucha por una discriminación libre de etiquetas.

ROMANTICISMO Y SUS DOBLES DISCRUSOS EN EL SIGLO XXI

A menudo la gente cree estar enamorada de otra persona, intenta, bajo todas las formas, acercarse, y ser parte de lo que el otro busca; intentan seducir con voces románticas, con detalles cursis y acciones extraordinarias; pero de pronto todo se esfuma y desaparece el sentimiento de amor, y se convierte en las penas amargas del alma.

El romanticismo es la exaltación de los sentimientos en todos los sentidos, tanto puede ser el amor como el odio, como la ira, la pasión, etc., Una persona romántica es aquélla que sabe demostrar el sentimiento y lo vive, cualquiera que éste sea, a través de infinitos mecanismos, no por nada el “enamorado” intenta de todas las formas posibles demostrar ese romanticismo para enamorar al otro; sin embargo, no siempre resulta como se desea. Por más intentos que éste haga no habrá poder humano que el otro seda si no está enamorado también de la misma persona.

Es común que la gente diga estar enamorada de tal o cual hombre o mujer, cuando este tal hombre o mujer ni siquiera los hace en su vida, el término correcto debiera ser ILUSIONADO, porque crea en su mente una ilusión de poder alcanzar bajo cualquier circunstancia lo que desea. Para estar enamorado es necesario que exista una reciprocidad de amor entre ambas personas. De ser lo contrario entonces debiéramos emplear la palabra ilusionado.

Para el amor no hay distinción de credos, razas, preferencias sexuales, condiciones físicas o situaciones socioeconómicas, cuando el romántico emplea su mejor arte para enamorar no toma en cuenta los defectos sino la libertad de poder estar con la persona que ama o bien, pretende amar.

En las relaciones amorosas es muy común que al primer contacto físico le llamen amor, y quizá de acuerdo a cada una de las subjetividades de los individuos lo sea; sin embargo, muchas de estas relaciones “erróneas” terminan mal, con la amargura arrastrada por la calle que se nota desde que se levanta y va al trabajo o a la escuela.

Tanto el amor como el desamor es muy fácil de evidenciarlo a partir de la personalidad, en la forma de actuar, de hablar, de pensar, de sonreír o de verle siempre triste.

Para enamorar a alguien se necesita ser bastante habilidoso, es poder conocer a la otra persona para buscar y encontrar estrategias que sepa va a lo seguro, desde saber qué música le gusta, cuál es su comida predilecta, cuáles son sus pasatiempos, etc., aquél que enamora tiene el mejor de los triunfos porque sabe obtener lo que desea.

Muchas veces la persona a la que se quiere enamorar se aprovecha de lo que el ilusionado hace y deshace por él o ella, es más que evidente, la necesidad que el mundo tiene por ser el centro de atención de otros, y más cuando el ilusionado hace hasta lo imposible; pero cuando la persona en conquistar decide irse con otro y otra, el ilusionado pierde la fe, se desmorona y terminan odiando lo que un día creyó amar, así es el romanticismo, pasar de un sentimiento a otro con el mismo fervor. Muchas veces se culpa a la personas que estuvo siempre recibiendo todo lo que el ilusionado daba, pero en realidad no tiene nada de culpa, el único que debe asumir la responsabilidad de ganar o perder es el ilusionado mismo, el otro simplemente disfruto de todos los detalles y las cosas lindas que lo hacían estar en el lugar correcto a la hora correcta.

Para obtener mejore resultados no hay como conocer a la persona, saber qué es lo que busca, lo que desea, sin dobles discursos. Hombres y mujeres emplean a menudo esos dobles discursos, el problema no es que los utilicen sino el que el otro, el ilusionado no sepa entenderlos, pero hay un pequeño grave problema, que después de tantos discursos armados, termina por creer que todo es un doble discurso que cuando llega el verdadero ya es difícil de creer.

Existen los discursos como:

1. No, yo busco algo serio, algo formal.

Si esto te lo dice y al poco tiempo le sorprendes con otra persona lo que realmente quiso decir fue:

NO busco nada contigo, busco algo formal pero NO contigo.

2. Eres demasiado bueno y yo no estoy a tu nivel.

Lo que realmente quiso decir fue:

No me interesas, me pareces tan aburrido que perdería mi tiempo.

3. Dejemos que el tiempo decida lo que será de nosotros.

Y de pronto le ves con otra persona, en verdad dijo eso, dejará que el tiempo decida, pero lo que realmente quiso decir fue:

Tengo prioridades, si no me funciona tú sigues en la lista.

4. Yo no busco sólo sexo, o un rato de pasión, busco el amor.

Y claro, le ves contra la pared de un antro buscando la esencia de la pasión en los besos y brazos de otra persona, lo que realmente quiso decir fue:

NO me atraes para nada, no eres mi tipo.

La gente se maneja mucho en un doble discurso porque los hace ampararse y poder decir ante cualquier reclamo: Yo no quise decir eso... El problema es que la gente que sí es honesta y que sí utiliza realmente su discurso verdadero al cabo del tiempo ya no es creíble, no conciben la idea que alguien pueda tener un discurso verdadero cuando la mayor parte del tiempo ha escuchado y vivido todo lo contrario. Considero que el uso de un doble discurso está directamente ligado a la inseguridad, por ese no saber qué es lo que realmente se desea en la vida, en el momento, en el tiempo. Dentro de la homosexualidad es muy común que este tipo de discursos exista, sobre todo por la inseguridad social que existe para poder hacer lo que desea, para poder llegar a donde quieren. “Si no me comprometo no tengo nada que perder”, ven el compromiso como algo escabroso que los encierra y aniquila a su personalidad.

El enamorarse va más allá de un deseo, es un todo, es el querer buscar lo mejor para la otra persona, darle los momentos más felices y los detalles más auténticos; el amor no cuesta, basta con hacer sentir bien a la persona cada vez que se está con ella, es pensar en dejar las mejores memorias y hacer lo posible porque el tiempo transcurra lento y transcurra seguro. Esta es una visión romántica, la que comúnmente ya no se conoce, ya no se ve; y no es estar chapado a la antigua, es más bien, estar seguro de hacer las cosas correctas para que tenga una durabilidad satisfecha.

Si la gente piensa que los poemas, las flores, los detalles simples son cursilerías, seguramente son gente sin cultura, no por ello no habría que enamorarlos, al contrario, sería la cosa más fácil, bastará con dedicarles una canción Madonna, Lady Gaga, de Paulina Rubio o Thalia; regalarle un libro de Paolo Cohelo o Cuauhtémoc Sánchez, o invitarlos a comer a Applebees, Starbucks o Sanborns. El romanticismo va de acuerdo al coeficiente intelectual y a la cultura general del otro.

Como quiera que sea, mientras el discurso sea claro y directo la relación sentimental podrá ser fructífera, o bien, dará pauta para seguir en la eterna búsqueda del alma gemela.

SEXO VS GÉNERO

Error de apreciación homosexual

El hombre y la mujer nace con el sexo definido de acuerdo a la biología humana; sin embargo, la sociedad dicta lo que un hombre y una mujer debe ser.

Desde pequeños, incluso desde antes de nacer, y a sabiendas del sexo que muestra la criatura en el ultrasonido, ya se predetermina el comportamiento social que éste debe tener, no por ello está demás que en el baby shower si es niña se regalen prendas de color rosa, y si es niño de color azul, incluso, de no saberse el sexo, los colores ideales son el blanco, el amarillo o el verde menta. Hasta los colores marcan el sexo, al igual que los juguetes: soldaditos y carritos para niños, muñecas y trastecitos para niñas. Las niñas con falda y cabello largo, los niños con pantalón y cabello corto. Las normas sociales están establecidas entonces antes de nacer, y cuando la criatura nace automáticamente, por el sexo, pene o vagina, se le asigna el rol que debe tener.

Quiere decir que entonces el hombre y la mujer no se forma, es formado automáticamente por un rol impuesto por la sociedad. En realidad el hombre y la mujer no decide por sí solo el comportamiento social a seguir, prácticamente debe seguir lo que ya está estipulado para cada quien.

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?

El sexo es lo biológico. La composición física del hombre y la mujer, Hombres-Pene, Mujeres-Vagina.

El género, en cambio, es una construcción ideológica, una forma de pensamiento que el individuo construye de acuerdo a su propia subjetividad.

El sexo es la construcción intrínseca de la vida, el género es la reconstrucción de un SER como un todo.

Difícilmente la gente se detiene a cuestionarse por qué es hombre o mujer, si de acuerdo a lo físico ya está dado como respuesta, pero si se detuviera a pensar en su género, seguramente caería en un rol asumido socialmente por el ser hombre o mujer: el sexo.

El hombre pensará que le pertenece el género masculino, y la mujer que le pertenece el género femenino, entonces surge otro cuestionamiento, si la diferencia sexual (hombre, mujer) está en lo físico, ¿cuál es la diferencia en género femenino, masculino?

Patrones socioculturales:

Hombre

Ser fuerte que asume su condición de patriarca, hacedor de normas, le gustan las mujeres, da el apellido a quien bajo su yugo está.

Mujer

Ser débil que asume su condición de abnegada, hacedora de quehaceres domésticos, les gustan los hombres, recibe el apellido que el hombre le imponga.

Bajo estos patrones socioculturales, se asume la condición del hombre y la mujer, bajo un rol meramente machista; sin embargo, la sociedad no se lo cuestiona, lo ve tan normal como lo vive, y asume que el ser femenino implica vestir “curiocita”, con prendas de colores simpáticos, arreglada, con ademanes y movimientos sutiles y delicados, con un lenguaje propio de su condición; mientras que el ser masculino implica vestir como lo desee, siempre y cuando se sienta cómodo, con ademanes toscos, un ser rudo que puede utilizar palabras altisonantes sin miedo a ser criticado.

Cada una de estas aberraciones sociales no definen lo que es el género masculino o femenino, al contrario, siguen teniendo la base sexual del ser hombre o mujer.

Analizando la sociedad y la cultura en la que vivimos, se puede establecer pues, que el género depende de una construcción ideológica que va de la mano con aquellos dispositivos sociales de los que depende el hombre y la mujer.

El ser masculino tiende a ser un ser cerrado, hermético, que no suele demostrar sus emociones.

El ser femenino tiende a ser un ser abierto, expuesto, que suele demostrar sus emociones sin miedo a ser juzgado.

De esta lógica es que la sociedad crea dependiente el sexo del género: hombre-masculino, mujer-femenino.

Pero la construcción de género va más allá que un simple seguimiento de normas sociales, el género RECONSTRUYE la condición de hombre y la mujer.

La forma más fácil de poder conocer la construcción de género dependerá en gran medida del uso del lenguaje, es decir, la forma en que las categorías gramaticales son utilizadas en el hombre y la mujer.

El hombre bajo una condición masculina tiende a utilizar más los verbos, sobre todo los imperativos, y los adjetivos posesivos en forma directa; incluso lo podemos ver desde la simple pregunta que le hace el hombre a la mujer cuando quiere que ella sea su novia:

-¿Quieres ser MI novia?-

-Quiero ser TU novio-

Mientras que la mujer en su condición femenina tiende a utilizar más los adjetivos y los posesivos en función del otro:

-Me gustaría poder ser tu novia-

-¿Quisieras ser mi novio?-

De acuerdo a nuestro contexto y nuestra cultura podrán darse cuenta que por lo general la mujer también tiende a seguir un género masculino cuando es en casa que ella tiene la última palabra:

Hijo: Mamá, ¿puedo salir con mis amigos?

Mamá: No sé, pregúntale a tu padre.

Hijo: Papá, ¿puedo salir con mis amigos?

Papá: ¿qué dice tu madre?

Hijo: que te pregunte a ti

Papá: No sé, lo que diga tu madre.

Y es la madre la que desde un principió decidió si iría con los amigos el hijo o no.

En el seno familiar mexicano la mujer tiene su lugar como matriarcado aunque le haga creer al hombre que es el patriarcado lo que impera en su familia. La madre determina los primeros quehaceres del hombre y de la mujer. Es en casa donde se forma la primera construcción de género de acuerdo a estereotipos sociales erróneos.

Cuando llega entonces la decisión de aceptar una homosexualidad muchos de estos patrones siguen permaneciendo, y podría asegurar que más del 90% de los hombres homosexuales son machistas, al igual que las mujeres. Basta con observar a su alrededor y darnos cuenta la forma en que actúa uno y otro frente a una relación sentimental. El resto, ese 10% no usual, pertenecería a los que han RECONSTRUIDO su género con base a lo que lo femenino y lo masculino es, y no precisamente con base a una preferencia sexual. La preferencia sexual no determina ni el sexo ni el género, es sólo una preferencia más, así como a un hombre le puede gustar un buen libro, la cerveza, los hombres, el tabaco; al igual a la mujer le puede gustar un buen libro, la cerveza, las mujeres, el tabaco.

Reconstruirse de acuerdo al género es comenzar de cero, tener bien a bien lo que eres como hombre o como mujer, donde el género se orienta más a la decisión de ser libre, abierto, expuesto a demostrar sus emociones, con sus altos y bajos de la vida. El género es una forma de pensar que no determina roles sociales, sino que asume una condición propia del ser, un paradigma de pensamiento que abre la diversidad. Es por ello que considero bastante estúpido que algunos piensen que el ser homosexual es un tercer sexo, un tercer género, de ser así entonces que lo expliquen en funciones biológicas, porque el homosexual hombre sigue teniendo pene, y la mujer vagina; el masculino sigue siendo hermético, y lo femenino abierto. No existe otra clase de persona.

Si pudiéramos entender la diferencia entre el género y el sexo, seguramente la discriminación homosexual no sería parte de una sociedad retrógrada, al contrario, se aceptaría al homosexual por su condición de SER y saber ser. Entonces las propuestas de ley en adopción por parejas homoparentales y los matrimonios homosexuales no serían ni siquiera noticia, al contrario, sería un garantía más de hombres y mujeres.

EROTIZAR EL EROTISMO

Hablar de la perfección del cuerpo humano siempre ha sido tarea de todo aquél que se atreve a admirar la belleza masculina o femenina sin importar su preferencia, sin embargo, estos temas cobran sentido aún más cuando hablar desde una preferencia sexual se le da el valor al cuerpo erotizado a partir del deseo y la pasión.

Dentro de nuestra cultura mexicana si bien el sexo ha sido un tópico tabú, hablar del erotismo es una aberración que no puede ser nombrada tan fácil como se puede apreciar, y terminamos por utilizar estos temas entre la gente de “mente pervertida”. El poder disfrutar el cuerpo del otro ya sea en imagen o en carne propia es un deleite que el cuerpo y la mente nos han regalado, y es ahí donde entra la preferencia de cada quien sin distinción de etiquetas, antes bien con la identidad de saber quién eres y qué disfrutas de la vida. La homosexualidad, hoy en día, ha terminado por verse como un tercer sexo, como una anormalidad, como una sociedad que se alimenta del pecado y de los bajos instintos, como lo llama la sociedad de mente pequeña: la iglesia, y los conservadores; sin embargo, es bien sabido que la homosexualidad ni es un tercer sexo, puesto que se trata de hombres y mujeres como únicos sexos que tienen gustos diferentes a lo que la norma dicta, y asimismo tiene las mismas necesidades de poder acariciar un cuerpo, una piel; tener entre sus manos, sus labios y su lengua la sensación exquisita de disfrutar lo que es placer. El erotismo lo hemos visto como un tema velado entre las creaciones artísticas, en canciones, en poesía, novelas, cuentos, cine, etc., pero qué hay de ese erotismo que se vive en las calles, en los bares, en las alcobas furtivamente abandonadas donde se desnuda el alma por aquel deseo inaudito de querer devorar el cuerpo que se asemeje a la idea que tenemos en mente, a poder disfrutar no sólo de las imagines que la mercadotecnia te impone y te vende a toda costa, sino de poder disfrutar de los cuerpos con la complexión y la belleza que le caracteriza, que lo mismo da un cuerpo grande a uno pequeño, a alguien joven que a alguien viejo, el cuerpo es cuerpo, la carne es carne y el erotismo es el erotismo desde el gusto de cada quien.

En el sentido estricto el erotismo no es más que la culminación de los placeres que las mujeres y los hombres tienen al contemplar y saborear el rincón escondido de los cuerpos en sus deleites. El erotismo es la sensación de arrancar el alma ese deseo escondido que se atreve a asomarse cuando se ve por encima de la ropa el cuerpo desnudo del otro, donde lo imaginas a tu lado acariciando la piel que habita, la piel que revienta en esa necesidad de una caricia urgente. Hablar del erotismo no debiera ser un tabú, mucho menos en la gente que ve más allá del cuadrito establecido por la sociedad y sus malas costumbres; el erotismo es de cada hombre y mujer que se atreve a vivirlo, ¿cómo puede la iglesia llamarle pecado cuando una Teresa de Ávila, una Sor Juana Inés de la Cruz, un Juan de la Cruz, manifestaban a través de su poesía aquella exaltación del sentimiento erótico velado por la realidad de un dios que se complacía en sus deseos?, o bien, ¿cómo pueden los conservadores ofenderse con tales temas cuando sus alcobas son violentadas de la misma manera en que ellos fueron concebidos bajos los instintos de esa pasión que le llaman procreación? El erotismo no es un tema que deba ser escondido para hablarlo a susurros detrás de las paredes, el erotismo es la viva imagen del hombre y la mujer en deseo, en ese deseo que va desde la mirada hasta una piel completamente desnuda. Éste debiera ser un tema que debiera tratarse desde educación primaria donde se le haga consciente al niño de su cuerpo, de su experiencia, de su posibilidad de experimentar el gusto por su cuerpo y el cuerpo del otro, que vaya generando expectativas en la eterna búsqueda de la verdad en el deseo, para que cuando llegue a una edad en la que desee experimentarla, sepa bien a bien lo que está por saber su cuerpo, lo que está por encontrar sus cinco sentidos, al tocar una piel, al verla, al escuchar la respiración de su contrincante, al saborear a través del gusto la delicia de aquella piel que desea, al oler ese humor tan peculiar que cada quien posee para guardarlo en la memoria como único hacedor de pensamientos sublimes.

El erotismo no es sólo de los heterosexuales, sino de todo aquél que se proclame como hombre o mujer cualesquiera sea su preferencia, sin importar condición física o estrato social, sin importar ideologías o creencias, sin importar cultura o nacionalidad. A estas horas en las que estas letras sean leídas millones de habitantes estarán disfrutando de ese erotismo tan propio y único que sólo puede ser de ellos mismos, ya sea en las alcobas que se encienden en la hoguera de una pasión, en las banquetas de un parque iluminado, en los coches escondidos entre las sombras, en los hoteles, en las cárceles, en los seminarios, en las escuelas y en los claustros, donde nos aguardan que nosotros seamos uno más que se sume a ese sentimiento de poder abrazar con la piel la del otro.

Hablemos del erotismo como hablar de política o religión pero con un sentido divertido, donde se pueda compartir las experiencias de los demás, donde se pueda ver la verdad de la otredad que anhela liberar las palabras no dichas y las acciones ocultas tras la sensación de sentirse vivos. Hablemos del erotismo como un tema cotidiano que hable del clima, de la calentura de los cuerpos cuando se acercan a otros, y de ese poder mágico que puede llegar al amor mismo. El erotismo no es la pornografía ligera de los homosexuales ni de los heterosexuales de mente abierta; el erotismo es del hombre y de la mujer que se atreve a vivir sin mayor remordimiento que el de no haber podido ser erotizado por la pasión de sus instintos.

EROTIZAR EL EROTISMO


Hablar de la perfección del cuerpo humano siempre ha sido tarea de todo aquél que se atreve a admirar la belleza masculina o femenina sin importar su preferencia, sin embargo, estos temas cobran sentido aún más cuando hablar desde una preferencia sexual se le da el valor al cuerpo erotizado a partir del deseo y la pasión.

Dentro de nuestra cultura mexicana si bien el sexo ha sido un tópico tabú, hablar del erotismo es una aberración que no puede ser nombrada tan fácil como se puede apreciar, y terminamos por utilizar estos temas entre la gente de “mente pervertida”. El poder disfrutar el cuerpo del otro ya sea en imagen o en carne propia es un deleite que el cuerpo y la mente nos han regalado, y es ahí donde entra la preferencia de cada quien sin distinción de etiquetas, antes bien con la identidad de saber quién eres y qué disfrutas de la vida. La homosexualidad, hoy en día, ha terminado por verse como un tercer sexo, como una anormalidad, como una sociedad que se alimenta del pecado y de los bajos instintos, como lo llama la sociedad de mente pequeña: la iglesia, y los conservadores; sin embargo, es bien sabido que la homosexualidad ni es un tercer sexo, puesto que se trata de hombres y mujeres como únicos sexos que tienen gustos diferentes a lo que la norma dicta, y asimismo tiene las mismas necesidades de poder acariciar un cuerpo, una piel; tener entre sus manos, sus labios y su lengua la sensación exquisita de disfrutar lo que es placer. El erotismo lo hemos visto como un tema velado entre las creaciones artísticas, en canciones, en poesía, novelas, cuentos, cine, etc., pero qué hay de ese erotismo que se vive en las calles, en los bares, en las alcobas furtivamente abandonadas donde se desnuda el alma por aquel deseo inaudito de querer devorar el cuerpo que se asemeje a la idea que tenemos en mente, a poder disfrutar no sólo de las imagines que la mercadotecnia te impone y te vende a toda costa, sino de poder disfrutar de los cuerpos con la complexión y la belleza que le caracteriza, que lo mismo da un cuerpo grande a uno pequeño, a alguien joven que a alguien viejo, el cuerpo es cuerpo, la carne es carne y el erotismo es el erotismo desde el gusto de cada quien.

En el sentido estricto el erotismo no es más que la culminación de los placeres que las mujeres y los hombres tienen al contemplar y saborear el rincón escondido de los cuerpos en sus deleites. El erotismo es la sensación de arrancar el alma ese deseo escondido que se atreve a asomarse cuando se ve por encima de la ropa el cuerpo desnudo del otro, donde lo imaginas a tu lado acariciando la piel que habita, la piel que revienta en esa necesidad de una caricia urgente. Hablar del erotismo no debiera ser un tabú, mucho menos en la gente que ve más allá del cuadrito establecido por la sociedad y sus malas costumbres; el erotismo es de cada hombre y mujer que se atreve a vivirlo, ¿cómo puede la iglesia llamarle pecado cuando una Teresa de Ávila, una Sor Juana Inés de la Cruz, un Juan de la Cruz, manifestaban a través de su poesía aquella exaltación del sentimiento erótico velado por la realidad de un dios que se complacía en sus deseos?, o bien, ¿cómo pueden los conservadores ofenderse con tales temas cuando sus alcobas son violentadas de la misma manera en que ellos fueron concebidos bajos los instintos de esa pasión que le llaman procreación? El erotismo no es un tema que deba ser escondido para hablarlo a susurros detrás de las paredes, el erotismo es la viva imagen del hombre y la mujer en deseo, en ese deseo que va desde la mirada hasta una piel completamente desnuda. Éste debiera ser un tema que debiera tratarse desde educación primaria donde se le haga consciente al niño de su cuerpo, de su experiencia, de su posibilidad de experimentar el gusto por su cuerpo y el cuerpo del otro, que vaya generando expectativas en la eterna búsqueda de la verdad en el deseo, para que cuando llegue a una edad en la que desee experimentarla, sepa bien a bien lo que está por saber su cuerpo, lo que está por encontrar sus cinco sentidos, al tocar una piel, al verla, al escuchar la respiración de su contrincante, al saborear a través del gusto la delicia de aquella piel que desea, al oler ese humor tan peculiar que cada quien posee para guardarlo en la memoria como único hacedor de pensamientos sublimes.

El erotismo no es sólo de los heterosexuales, sino de todo aquél que se proclame como hombre o mujer cualesquiera sea su preferencia, sin importar condición física o estrato social, sin importar ideologías o creencias, sin importar cultura o nacionalidad. A estas horas en las que estas letras sean leídas millones de habitantes estarán disfrutando de ese erotismo tan propio y único que sólo puede ser de ellos mismos, ya sea en las alcobas que se encienden en la hoguera de una pasión, en las banquetas de un parque iluminado, en los coches escondidos entre las sombras, en los hoteles, en las cárceles, en los seminarios, en las escuelas y en los claustros, donde nos aguardan que nosotros seamos uno más que se sume a ese sentimiento de poder abrazar con la piel la del otro.

Hablemos del erotismo como hablar de política o religión pero con un sentido divertido, donde se pueda compartir las experiencias de los demás, donde se pueda ver la verdad de la otredad que anhela liberar las palabras no dichas y las acciones ocultas tras la sensación de sentirse vivos. Hablemos del erotismo como un tema cotidiano que hable del clima, de la calentura de los cuerpos cuando se acercan a otros, y de ese poder mágico que puede llegar al amor mismo. El erotismo no es la pornografía ligera de los homosexuales ni de los heterosexuales de mente abierta; el erotismo es del hombre y de la mujer que se atreve a vivir sin mayor remordimiento que el de no haber podido ser erotizado por la pasión de sus instintos.

martes, 19 de julio de 2011

PENSAR O SENTIR

A Susana Plascencia


El “amor” va y viene, pero siempre buscamos podernos encontrar con ese alguien que nos haga sentir vivos, y es ahí donde nos preguntamos, cuando creemos haberle encontrado, qué es mejor, en cuestiones de amores, elegir con el corazón o con la cabeza.

Si pensamos que el amor existe como un concepto único realmente estamos muy equivocados y terminaremos por hacer del amor una utopía. Estoy de acuerdo que cada persona habla desde la subjetividad propia, desde su propia experiencia, para algunos el amor puede comenzar desde un abrazo, un ramo de flores, un momento con tu pareja en el cine, un silencio prologado que no molesta; pero, ¿realmente, qué es el amor?

Si al momento de sabernos frente al otro reconocemos esa parte que nos atrae, que nos llama, que nos hace sentir libres, luego, luego, por mero sentimentalismo acabamos por pensar que eso es amor. Es ahí donde caemos en el error, si nos dejamos llevar por un SENTIR, el idilio terminará más rápido de lo que creemos; terminará por ser sólo una forma y no un fondo donde podamos realmente comprender la magnitud de lo que representa. Considero que realmente hemos sobrevalorado la palabra amor, la queremos encontrar como receta en cualquier persona: agrega un poco de cariño, dos, tres gotas de pasión, un tanto de deseo, y listo, el amor aparece en tu plato para ser devorado por las primeras bocas que lo prueben. El amor no es una receta mágica, ni unos pasos a seguir para tener a la persona que deseas tener. En cuestiones del corazón, para saber elegir correctamente a la persona indicada, es necesario dejar a un lado el sentimiento y realmente PENSAR.

Sé que mucha gente estará en contra de esta premisa, pero si lo vemos desde el punto de vista donde queremos en realidad tener a alguien a nuestro lado y poder ser nosotros lo que los demás necesitan, entonces es necesario pensar con la cabeza y no sentir con el corazón.

Dentro de una cultura como la nuestra, donde el amor lo hemos reducido a satisfacciones que el corazón siente, encontramos entonces que no es amor lo que une a alguien con otro, sino algo que se le llama costumbre; el corazón se acostumbra a sentir bonito, a sentirse agradado por halagos, cumplidos, roces, palabras, etc., pero entonces, a eso lo reducimos, a hacer del amor una costumbre. Si nos pusiéramos a pensar detenidamente lo que deseamos elegir en nuestras vidas, en cuestiones del amor, entonces estaríamos seguros que sería duradero, un amor sin principio ni fin, sólo un amor como base y ejemplo de nosotros mismos.

Y es que lo entiendo perfectamente, nos cuesta trabajo llevar al amor a una idea pensada, porque entonces somos vistos como gente fría, sin sentimiento, que calcula cada paso y decide dónde comenzar y dónde acabar. ¿Y no es eso lo más honesto, dejar claras las cartas sobre la mesa y dejar que también el otro lo piense y lo decida?

Desafortunadamente no pensamos en las consecuencias que existen el SENTIR amor por alguien, y terminamos creyendo que eso es amor. Creer no es lo mismo que pensar, creer es sentir, sin razón válida ni argumento, pensar es crear y razonar una serie de ideas que te lleva a formular argumentos que validen tu forma de pensar. El pensar te lleva a ver a futuro lo que estás dispuesto a vivir, lo que deseas vivir, y no comenzar por dejarte llevar a ciegas por un sentimiento que, en pocas ocasiones, perdura. Si nos ponemos a observar a nuestro rededor las parejas que conocemos, podríamos asegurar que más de 80% de ellas, sienten el amor sin razonarlo; y sí, es verdad, uno no decide cuándo enamorarse de alguien, eso lo sientes, pero sí podemos decidir si continuar o no, si cumple con nuestras expectativas o no, de acuerdo a la idea que nos hemos formado de ello. Sin embargo, el corazón no debe ni puede decidir, sino nuestra cabeza para saber lo que es bueno para nosotros de acuerdo a lo que nos hemos formado como ideología.

El saber dónde estamos parados y hacía dónde vamos, nos permite pensar en frío y decidir por una cosa u otra. El pensar a quién amar, nos hace estar en el lugar indicado para él o para ella, pero sobre todo para nosotros. Creo que ahí radica la inteligencia de saber escoger a la persona indicada para uno. Eso sí, siempre y cuando sepas qué es lo que quieres para ti y lo que estás dispuesto a dar. Muchas veces creemos que sabemos lo que queremos, y al “sentir” ese amor nos dejamos llevar, y no dudo que el tiempo invertido valga la pena, que nos hagan sentir bonito, y nosotros a los demás, pero ¿para qué?, ¿para que no dure lo suficiente y terminemos doliéndonos por los rincones?, las cosas hay que saberlas definir por su nombre, desde un me gustas, un te quiero, un te amo, sabiendo plenamente que lo que estamos haciendo es lo correcto. Más vale decir adiós de una buena vez y sin resentimiento, que maldecir mil veces pidiendo que se largue la gente de nuestras vidas porque lo que sentíamos ya no es igual, porque no lo pensamos, nos dejamos llevar sintiendo solamente.

Igual que en la religión, nos han enseñado a no pensar, muchas veces la gente cree que hablar de amor es como hablar de dios, un acto de fe, una creencia, donde no puedes ni debes pensar, y la cosa no es así, tanto en la religión como en el amor debemos aprender a pensar muy bien las cosas para saber elegir, ya sea que elijas seguir creyendo, seguir sintiendo que existe un dios, no es igual que pensar lo que deseas elegir para después poder sentir al máximo el amor. En eso estoy de acuerdo, primero hay que pensar en cuestiones del corazón, saber elegir y entonces sí, poder vivir al máximo el sentimiento de amar y ser amado.

Una analogía muy simple: “Creo que va a llover”, existe la posibilidad que llueva o no, pero igual lo sientes, igual que “creo en dios”, existe la posibilidad que para ti exista o no, simplemente lo sientes. No es lo mismo, sé que va a llover porque lo has comprobado de mil formas, sobre todo razonando, cuando ves el cielo encapotado y la humedad del tiempo; de la misma manera es el amor, sé que es amor, porque lo puedo razonar de acuerdo a mi experiencia y a lo que busco; y no el creo que es amor porque lo siento. El amor no debe comenzar por un sentimiento, sino por un razonar que lo lleve al sentimiento. Es la forma más correcta para que no nos duela cuando uno de los dos se enamora y el otro no.

Y tú, ¿Ya pensaste lo que has elegido?, o simplemente lo has dejado como un acto de fe sintiendo amor y no razonando.